La peor película del 2024



Emilia Pérez es la más reciente película del director francés Jacques Audiard, quien es un autor de cine independiente. En lo personal, yo solo le conozco una película que es Rust and Bone (2012) donde sale Marion Cotillard. Está buena y de hecho, la recomiendo bastante para quienes hayan visto Emilia Pérez recientemente y se pregunten si este señor ha hecho obras más... comprometidas con su temática. Regresando a la película que nos interesa: Emilia Pérez es una de las películas que sin duda alguna le dieron una identidad al cine del 2024. Será imposible hablar del cine de estos tiempos sin voltear a ver este singular acto cinematográfico que no se ha cansado de recolectar tanto premios como abucheos.

Voy a ser directo de una vez y no me voy a explayar por ocho párrafos antes de dar mi opinión. Esta película es horrorosa. De hecho, es la peor película del 2024. Sí, es peor que Madame Webb y también es más lamentable que Deadpool & Wolverine. Por lo menos la primera está tan consciente de lo fallida que es, que hasta se da el lujo de ponernos a Dakota Johnson dar cringe de maneras muy creativas y la segunda está tan consciente de que es un pedazo de mierda hecho con el propósito de robar el dinero del ejército de gordos y calvos de mediana edad que la fueron a ver y que aún se siguen masturbando por las noches con cómics, que se compromete de una manera apasionada con su estupidez metareferencial. La razón del porqué Emilia Pérez es horrible va más allá de las críticas más populares que los influencers y opinadores de ocasión llevan vociferando desde hace varias semanas, sobre todo después de los Golden Globes, donde esta obra tan penosa se llevó varios premios, incluyendo el más importante (mejor película de comedia y/ó musical). Dejando de lado los discursos moralistas, los reclamos patrióticos llenos de indignación y hasta las obvias señalizaciones hacia errores de cast y ejecución dentro de la realización de la película, Emilia Pérez se consolida como el que probablemente sea uno de los peores intentos de sátira de la historia.

La sátira es tanto un género literario como un recurso expresivo hecho para ridiculizar, ironizar o caricaturizar a una persona o a una problemática. Debido a su naturaleza tan agresiva, la sátira no suele usarse para crear humor por sí sola sino que es un recurso para expresar desaprobación con fines moralizantes o críticos. Ahí tienen a South Park como el mejor ejemplo de todos, una serie que tiene escrita dicha palabra en todos lados. Ahora, me veo en la necesidad de hablar sobre esta definición porque es el argumento más fuerte que los gringos, franceses y público extranjero en general usan para definir y defender esta obra.



A pesar del combativo gaslighting del público y de la prensa extranjera con respecto a la naturaleza de Emilia Pérez como película, es muy evidente que abrazar la idea de la sátira para justificar e incluso convencerse de que hay un entretenimiento geniuno detrás de toda esa ridícula secuencia de imágenes significa aceptar que el guion de esta película y, por lo tanto, toda la película en sí es una maliciosa burla a la cultura mexicana y también es una humillación para todas esas personas, problemáticas y escenarios que forman parte de la película.

Primero que nada, ¿realmente de qué trata Emilia Pérez? ¿sobre quién es realmente esta película? Segundo, si esta es una satirical opera, ¿exactamente a quién ataca esta película? Durante el primer acto de la película, el personaje más importante y quien lleva el rumbo de la narrativa es Rita (Zoe Saldaña). Ella es una abogada que trabaja para un bufete que se dedica a defender presuntos criminales. Por ahí ya se presta un elemento de sátira: el sistema mexicano de justicia que está corrupto. Para este punto, uno podría esperar que la película se encamine a retratar a criminales, abogados, poder judicial y demás personajes dentro de un mismo color. Incluso el primer número musical consiste en un baile expresivo por parte de los ciudadanos que aparecen sobre las calles mexicanas para expresar su pesar de vivir en un país lleno de injusticias y todo eso se desenvuelve para demostrar los pesares que tiene Rita en la cabeza, pues sabe que su trabajo desestabiliza por completo su compás moral.

No es precisamente el trabajo más solvente e ingenioso, pero hasta aquí vamos bien. Si bien en el siguiente número musical Zoe Saldaña canta sobre sus pompas apachurradas y que no le dan su propia oficina porque según ella se debe a que es prieta (xd?), es claro que se puede seguir produciendo la historia por este eje y que una vez que llega la escena en donde es secuestrada por... Manitas del Monte (xdd) se puede establecer un conflicto que exalte más este problema moral entre Rita, sus pensamientos y sus acciones. Bueno, Manitas es un tipo que realmente nunca fue un hombre como tal. En una escena dentro de un vehículo, el narcotraficante le ofrece un trato a Rita: usar todo su poder e influencias como abogada para ayudarle a conseguir el mejor cirujano que le ayude a transicionar de género para ser una mujer y de paso, fingir su muerte (la muerte de quien alguna vez fue Manitas) para poder vivir libremente en otro país bajo otra identidad. No sé por qué un capo de la droga usaría particularmente a una abogada promedio para dicha actividad siendo que con todos los recursos que tiene, podría contratar a otras personas que estén más capacitadas en el tema, pero bueno. Entonces esto nos lleva a lo siguiente:



Ah, el tema trans. Supongo que como hombre cishetero emitir opinión alguna sobre este pequeñito detalle que tiene la película no es algo que particularmente se me pida. Bueno, hay algo que como crítico sí me gustaría decir: me hubiera gustado haber conocido al personaje de Manitas del Monte y no solo quedarme con esa escena donde muy brevemente habla sobre los motivos de su transición de hombre a mujer. Pasa que esta escena dura menos de un minuto y apenas se alcanza a dibujar una leve imagen del personaje, de quién fue y es antes de su renacimiento. Audiard parece ser un tipo rudimentario pues en lugar de mostrar la infancia y la juventud de Manitas y darnos una representación más compleja de su personaje, solo se enfoca en utilizar el motif de la transición de género como bien lo apunta nuestro amigo anglosajón: un mero recurso para representar el renacimiento, el escape del pasado y la redención. Me pongo a pensar en toda esa bandita mexicana que encontró en la transición algo más que todo eso que aquí se apunta. Quienes decubrieron su verdadera identidad desde una temprana edad ¿también se le dice renacimiento a eso? ¿también es un escape del pasado? ¿de qué se están redimiento exactamente? Y no solo eso, también nos tenemos que tragar otro número musical en donde Zoe Saldaña se pone a bailar y cantar con cirujanos y pacientes en camilla mientras va "eligiendo" los procedimientos quirúrgicos necesarios para la transición como si estuviera de shopping en el centro comercial. Ese es el nivel de trivialización al que llega esta película con respecto a ese tema. Pero esperen, la película es una sátira. ¡Un momento! ¿A quién se le está satirizando en esta parte de la película? No creo que a la comunidad trans, ¿verdad? 

Entonces, Emilia Pérez se convierte en un culebrón que al fin trata del personaje al que se le nombra en el título. Una vez que Emilia se reencuentra con Rita, decide reconstruir su vida una vez más, pues se da cuenta que no puede vivir sin los hijos que dejó atrás. Su esposa, Jessi (Selena Gómez) tiene por entendido que Manitas del Monte murió y Emilia se presenta ante ella como la hermana del occiso. Por si esto no fuera ya suficiente material para la historia, Audiard decide que no ha sido suficiente sátira y que aún puede seguir exprimiendo más de los elementos mexicanos para continuar con la narrativa. Entonces Emilia se convierte en una santa. Quien alguna vez fue un despiadado narcotraficante que secuestró, mató y desapareció personas, ahora es una mujer que se dedica a encontrar a los desaparecidos que ella misma victimó de manera directa e indirecta. No estoy para nada en contra de que existan las historias de redención, por muy inverosímiles que sean, pero lo que sigue a continuación va más allá de lo telenovelesco, de la sátira y de todo lo que se nos ha intentado convencer.



Mientras Emilia Pérez lucha por avanzar y sostener su ya de por sí atropellada narrativa, Jacques Audiard toma la decisión de lo que coloquialmente se conoce por acá como echarle más leña al fuego. Tenemos ya un conflicto entre una madre ausente que quiere de vuelta a su familia, pero que debe luchar contra la realidad que lleva un significado muy duro: una vez que ha renacido, ya no hay vuelta atrás y aunque pueda estar cerca de sus hijos, nunca será lo mismo. Este potencial de conflicto se ve nublado una vez más ante los caprichos y morbos de su autor: no es suficiente, hay que santificar a este personaje a toda costa. Si no es a través de la ONG que montan como por arte de magia para localizar personas desaparecidas por la violencia en México, entonces debe ser a través de la tragedia. Lo curioso es que los extranjeros siguen acentuando el punto de que el foco del filme no es su contexto, sino que éste funciona como motif directo para representar el conflicto específico del personaje en cuestión. ¿Entonces por qué Audiard monta un número musical en donde incluso se atreve a satanizar a un porcentaje no declarado de las personas desaparecidas? ¿Por qué crea un personaje (Epifanía) hecho única y exclusivamente para que Emilia pueda curarse en salud? ¿Por qué la necedad de reutilizar una y otra vez al personaje de Rita, quien para este punto ya es una obvia herramienta, hasta el punto de hacerla bailar en la escena de la gran cena de la ONG para recaudar fondos? Que por cierto, este es el único momento en donde a Audiard le sale la sátira, pues no es para nada disparatado pensar que muchas de las personas que en público se dedican al activismo, en privado demuestran que sus supuestos actos de buena fe solo existen porque obtienen un beneficio a cambio. 

Si estas escenas fueran realmente un motif claro que afectaran directamente al personaje de Emilia, la historia cambiaría de rumbo a uno donde se le daría mucha más atención a la hipocresía que radica en su personaje. Es decir, estaríamos hablando de una narrativa orientada a abordar el conflicto de ella y su ONG que trabaja con dinero sucio. Tal vez habría un villano (o un héroe) intentando seguirle la pista para esclarecer de dónde salen los fondos y hacia donde van. Tal vez existiría alguien, un solo personaje, que buscara trabajar en la obviedad que existe en la identidad de Emilia y por ende, quisiera desenmascararla y que el personaje finalmente se enfrente ante todas las consecuencias de su pasado ya que es un engaño creer que en esta vida uno puede ir por el mundo haciendo lo que quiera sin consecuencias, sobre todo si todos estos actos han sido ruines y le han hecho un daño irreparable a tanta gente.



Asegurar que esta película es una satirical soap opera no le hace ningún favor a la mencionada obra. Si decidimos aceptar esto como nuestra verdad, también debemos aceptar que la película satiriza a sus personajes y a su contexto mismo. No hay una crítica o caricaturización válida dentro de las dos horas de metraje puesto que a las únicas personas a las que se le da este tratamiento es a Rita, quien representa al estereotipo de mexicano asalariado de clase popular, a Emilia quien representa al colectivo lgbtq+ y con sus acciones hipócritas y ruines solamente consigue retratar una imagen sumamente penosa, y a ciertos sectores de la sociedad mexicana que a lo largo de la película son representados a través de una perspectiva completamente trivial: las trabajadoras de intendencia, los ciudadanos que marchan en las calles, los médicos, los delincuentes, los funcionarios, los ricos, los medios de comunicación y sobre todo, los familiares de personas desaparecidas. Esa es la única sátira que apunta la perspectiva de Audiard. Ni siquiera Selena Gómez y su pinche vulva están dentro del mismo nivel de burla pues su personaje siempre fue el de una gringa hueca que solo quería una vida fácil y que le daba todo igual. Lo sorprendente de esto, en todo caso, es que le dieran más tiempo en pantalla a su personaje todo unidimensional.

Una película que solo se compromete a ridiculizar a sus protagonistas sin ir más allá de los estereotipos ni rescatar una reflexión real que sea lo suficientemente fuerte como para hacer contrapeso a la burla expuesta, no es una película valiosa. Que el contexto sea mexicano y que dichas burlas se atrevan a existir dentro de problemáticas tan delicadas es algo que me golpea. Por supuesto que me jode, pero esta molestia trasciende cualquier tipo de comentario de naturaleza patriótica. La declaración de guerra de Audiard se presenta desde el segundo uno con sus estúpidos mariachis con luces LED, pero es una declaración penosa, patética. Es como un intento de acto provocador que ya quisiera soñar con tener los mismos dientes que tiene el cine de algún otro personaje francés más cínico como, no sé, Gaspar Noé. En ese aspecto, Jacques Audiard podría consolidarse como su propia sátira de lo que él piensa que es.


Mi calificación: 1/10

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