Interstellar

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Este año vamos a poder experimentar uno de los eventos cinematográficos más grandes y ambiciosos, quizás de la década. Estamos hablando de Interstellar, la octava película del director británico Christopher Nolan, quien ya puede ser recordado por montar gigantescas obras donde se invita al espectador a imaginar más allá de los límites. La película de viajes espaciales de Nolan ha llegado con una gran expectativa: la de convertirse en esa obra maestra que tanto necesita el cine de ciencia ficción, después de muchos años. La nueva 2001: A Space Odyssey (1968), el evento cinematográfico que busca hacerse de la reputación necesaria para ser estudiado por académicos y aficionados a las artes cinematográficas. Quizá, la mejor película del séptimo arte en su más de un siglo de existencia.

Es evidente que Nolan es un cineasta cuyas ideas le han dado para crear filmes difíciles de igualar. Hace veinte años el mundo del cine jamás se hubiera imaginado la posibilidad de ver a París contorsionándose como lo hace en Inception (2010) o a una nave entrando en un agujero negro súper masivo con el increíble realismo científico como ocurre en esta película. En ese aspecto, Nolan ha dejado huella para bien y espero que sea recordado como uno de los artistas más innovadores en el aspecto audiovisual del séptimo arte. En el caso de Interstellar, las cosas no son diferentes, puesto que todo el equipo de producción que está a disposición del cineasta británico ha hecho un trabajo espectacular, visto desde un punto de vista técnico. La historia de Interstellar gira en torno al personaje de Cooper (Matthew McConaughey), quien es un ingeniero retirado que trabajó para la NASA durante muchos años. En el universo creado por Nolan, el planeta Tierra está pasando por su peor crisis climática. Hay sequías por todos lados y la humanidad ha pasado por una serie de conflictos que no se explican y cuyas consecuencias los ha dejado aislados en pequeñas comunidades donde explotan los últimos recursos que les quedan para sobrevivir. Después de un extraño incidente que es descubierto por Murph (Mackenzie Foy/Jessica Chastain), la hija de Cooper, una serie de situaciones llevan al protagonista a reencontrarse con sus antiguos jefes de la NASA, quienes lo convencen para realizar una misión de exploración espacial con el propósito de encontrar un mejor lugar que salve a la humanidad.

Dicho esto, la película se divide en dos grandes actos: 1. Cooper y su descubrimiento donde también se explora la relación que tiene con su hija y 2. La misión que lleva a Cooper y sus compañeros astronautas, Amelia (Anne Hathaway), Doyle (Wes Bentley) y "Principal" (David Oyelowo), a explorar nuevos planetas que tengan las características ideales para albergar vida. Durante casi tres horas se lleva a cabo un viaje heróico extenso en donde Nolan plantea diferentes conflictos y apuesta por un giro narrativo que justifica toda la narrativa, creando un círculo que desde la superficie luce perfecto. Asimismo, la obra de Nolan se matiza con muchos elementos audiovisuales que parten desde un excelente trabajo por parte del departamento de efectos visuales, que creó las animaciones a partir de teorías físicas reales hechas por el importante téorico Kipp Thorne, hasta la emotiva banda sonora del famoso compositor Hans Zimmer, que sirve para darle un tono trascendental a la experiencia de esta película. Ciertamente, Interstellar es un producto hecho con un corte artesanal y, hasta cierto punto, de autor, donde Nolan evoca la obra de autores que han explorado en su catálogo el concepto de la trascendencia humana. Tenemos la perspectiva fría y centrada del Kubrick de 2001... en la cual Nolan se apoyó para las escenas del espacio más importantes. Por otro lado, Nolan vuelve a hacer uso de algunos recursos que vienen del cine de Terrence Malick, un cineasta que se caracteriza por usar conceptos filosóficos y construye personajes con muchos problemas existencialistas, para darle un peso significativo a la narrativa del personaje principal y su hija. Por momentos, Interstellar es más una historia de amor entre un padre y su hija que trasciende más allá de las limitaciones del tiempo y del espacio, que cualquier otra cosa.

Sin embargo, no todo es grandioso en esta gigantesca producción. Interstellar, en concreto, es una película que sufre de altibajos que de no ser por el impresionante trabajo audiovisual, se arruinaría por completo. El fracaso cinematográfico, quizá, más grande de todos los tiempos. Pero la película de Nolan se salva. No es un desastre dantesco, pero tampoco es una obra maestra. La primera hora es francamente tediosa. El desarrollo de todos los personajes es puntual, pero Nolan y su hermano Jonathan no saben cuando detenerse. Los personajes se desarrollan demasiado hasta llegar al exceso de diálogos empalagosos y discursos emotivos sobre la vida, analogías de fantasmas con la relación padres-hijos y el tiempo. No existe ambigüedad para los Nolan (cosa que me parece sorprendente para un cineasta que está evidentemente influenciado por Malick). Ya en el espacio, la sobre-exposición se concentra en el apartado científico. Ahora todo es teoría y más teoría. De no ser por las fascinantes escenas del transbordador Endurance navegando frente a los anillos de Saturno y entrando al agujero de gusano, esto sería un espectáculo de aburrimiento. Y no lo digo porque la ciencia que está detrás de la exploración espacial me aburra (todo lo contrario), sino porque precisamente todos estos fundamentos teóricos se interponen en el desarrollo de la trama. El guión, con tanta saturación se vuelve lento y los Nolan tapan todas las falencias en la narrativa con teoría científica para que no se note que la película está fallando en contarnos una historia.

Dicho esto, se puede notar la evidente desesperación por vender esta película como un producto perfecto en la edición de la cinta. El editor Lee Smith es el veradero héroe de esta película, pues evita por completo el hundimiento de este colosal navío llamado Interstellar. Hábilmente intercala escenas con pobreza narrativa junto con otras que están llenas de riqueza visual. El ejemplo más claro: Murph  en una escena clave cuando se da cuenta que su papá juega un rol significativo en todo el conflicto. La escena no tiene en sí mucho sentido, incluso es tonta. Pero Lee Smith lo intercala con Cooper, quien se encuentra en el otro lado de la galaxia, pero toma una decisión que le "dará sentido a todo". Así el espectador, maravillado con el giro y los efectos visuales, no le pondrá tanta atención al arco narrativo de Murph, que está escrito con demasiadas facilidades. Smith le da un ritmo frenético a la cinta para que no se sienta tan pesada y "esconde" varios fallos porque realiza cortes cada 3-4 segundos. Los vuelve olvidables.

Por supuesto que no todo es malo con Interstellar, ya que la película no es un desastre. Es aceptable, quizá la podemos considerar como buena. Considero que los últimos 25 minutos son impresionantes. La escena de Cooper y Amelia acoplándose de nuevo al Endurance después de hacer una maniobra que pone a la misión en riesgo está construida con maestría. También hay una secuencia dentro del agujero negro supermasivo que es brillante. Una escena más, dentro del agujero de gusano, muy a lo Kubrick, tiene su mérito. La trama de fondo, la extinción de vida en la Tierra, la historia de la NASA y las misiones Lázaro también son muy interesantes. El arco de Cooper y Murph está construido con mucho detalle y amor, pero pudo ser mejor. Finalmente, el diálogo de Amelia sobre el amor como fuerza que nos impulsa a sobrevivir me sigue pareciento discutiblemente aceptable.

En conclusión, considero que Interstellar es una bella frustración hecha cine. Una obra que tiene mucho potencial, pero que cae en muchos de los pecados que Nolan ha estado cometiendo, básicamente desde que se volvió un director popular. Sus películas están llenas de conceptos que buscan ir más allá de los límites humanos, pero me da la impresión de que está demasiado ansioso por terminar su producción y por lo tanto deja pasar una generosa cantidad de errores y detalles que, vistos a través de la lupa, solo consiguen poner en evidencia la poca aptitud que el director tiene al momento de contar una historia.

Calificación personal: 6



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