
Hace 41 años, en 1977, el legendario director Darío Argento lanzó Suspiria, una película de terror de culto que cuenta la historia de una joven bailarina estadounidense que se mete a una academia de danza en Italia y, poco a poco, descubre que la academia es, en realidad, el escondite secreto de un grupo de brujas. La obra de Argento, llena de luces neón y acompañada de una banda sonora de la mítica banda (también de culto) de rock progresivo, Goblin, se posicionó rápidamente como una de las obras de horror más escalofriantes e icónicas del siglo XX. Hoy en día, el legado de Suspiria continúa inspirando a una gran cantidad de cineastas que quieren desenvolverse en el cine de horror. En 2018, el director italiano Luca Guadagnino decidió expander el legado de Argento, realizando el remake de la película.
Primero que nada ¿es Suspiria de 2018 una digna actualización de la original de 1977? La respuesta sería sí y no al mismo tiempo. Debemos tomar en cuenta que en esta ocasión, Guadagnino tomó la esencia de la película de Argento, así como su trama inicial, para realizar su propia visión de la misma. Suspiria de 2018 es una versión actual y diferente que se arriesga a contar la historia con otra identidad y apegándose a un discurso diferente. La historia, también establecida en Europa, toma lugar específicamente en la Alemania dividida por el muro de Berlín y es ahí donde la protagonista, Susie (Dakota Johnson), llega a la academia de baile liderada por Madam Blanc (Tilda Swinton) con el propósito de volverse la bailarina más importante del colectivo.
La principal diferencia entre la actual Suspiria y su antecesora es notable desde la imagen. Mientras la original se apoyaba de colores primarios bastante brillantes, la versión de Guadagnino está llena de grises. Esto se debe a que el realizador italiano pretende comunicar un mensaje con intenciones distintas. Uno de esos mensajes (que también es lo mejor de la película) toca un tema complicado: el control absoluto que se ejerce a través de la maternidad. No es coincidencia que en Suspiria existan muchos primeros planos de manos: todos los personajes presentes están ahí para ejercer, de alguna u otra manera, el control de un aspecto en específico. Suspiria es el viaje definitivo de una joven bailarina que encuentra su lugar en un aquelarre, pero también es la historia de almas en pena que vagan cargando culpas que no pueden resarcir. Esto se refleja de manera simbólica en el establecimiento de la película y es un elemento constante desde la primera escena hasta la última.
A pesar de su larga duración, Suspiria de 2018 es una película hipnotizante y terrorífica. En ella pude observar varios de los momentos más escalofriantes que he visto en una película de horror en tiempos recientes. La puesta en escena de Guadagnino cuida muchísimo la estética y construye escenas cautivadoras, apoyándose de la banda sonora compuesta por Thom Yorke, uno de los músicos más importantes de la actualidad y quien pudo coincidir con la visión de Guadagnino con certeza. La producción detrás de esta película es increíble y supo construir una obra casi redonda que es un golpe directo a las entrañas. Una experiencia que debe sufrirse.
Calificación personal: 9.3
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