"Part of the journey is the end"
Once años y veintidós películas que se entrelazan para trazar un camino hacia un digno final. La travesía ha sido dura, pero valió la pena.
En Avengers: Endgame encontramos una narrativa con pocas restricciones, que es capaz de deconstruirse a sí misma para llevar a cabo uno de los arcos más impresionantes que jamás se hayan visto en una pantalla de cine. El plan maestro, tan complejo que merece un profundo análisis, se siente idealizado desde la concepción de la primera Iron Man (2008), lo cual es una grata sorpresa, pues algo que siempre temí de esta franquicia es que siempre se diera luz verde a la improvisación y a la narrativa ligera, donde al final todos son felices y cuentan chistes en una fogata. Esta vez, Marvel dio un golpe de autoridad, demostrando que no hay recelo por dejar ir a aquellos que ya aportaron lo suficiente y deben retirarse para que, naturalmente, un cambio generacional se lleve a cabo. Hay una generación completa que literalmente creció junto a estos súper héroes. Fueron de niños a la sala de cine para ver por primera vez a Tony Stark en su traje prototipo y ahora, ya jóvenes adultos, encontrarán en esta cinta un antes y un después. Y los niños que van a ver esto durante este fin de semana también van a crecer, pero con otros súper héroes (los que se añadieron recientemente y los que están por venir). La vida sigue, pues.
Una de mis críticas más fuertes hacia esta franquicia es que se me hacía bastante difícil encontrar algo más complejo que el evidente entretenimiento. Un propósito. No sé si estuve ciego todo este tiempo (ciertamente ahora tengo muchas ganas de volver a ver todo el MCU de principio a fin, bueno, a este punto) y encontrar aquello que, tal vez, perdí de vista. Pero en Avengers: Endgame está más que claro. Detrás de todo ese espectáculo bombástico, lleno de pantallas verdes y criaturas digitales se encuentra un poderoso mensaje. Endgame, como ya lo mencionó David Ehrlich, es un mega espectáculo trágico que explora las características más difíciles del fracaso con aquellos que uno ama y con uno mismo. Y de pronto, en cada uno de los personajes emerge la necesidad de luchar por un propósito que va más allá de lo evidente. Afortunadamente, la ejecución es más que precisa y lógica. Y entonces los héroes se encaminan por un rumbo lleno de sacrificios donde el motor que impulsa a todos, más allá de la parafernalia tecnológica y mágica, es uno de los elementos humanos más fascinantes que se pueden explorar: la esperanza.
Creo que la historia concluye de manera satisfactoria y justa. El final de una era importante, quizá la más grande que se haya visto en el cine, es más que apropiado. Desde el inicio del tercer acto hasta la escena final, esta película es una grandiosa tragedia, pura y emotiva.
Independientemente de si algunas entregas del MCU no estuvieron realmente a la altura o si el tono en general de casi todas las películas rayaba en lo homogéneo y en lo predecible, no hay nada, absolutamente nada, que le impida a Avengers: Endgame establecerse como una de las películas más icónicas de la historia. Pues mientras siga existiendo cine, Endgame seguirá brillando en el infinito de la pantalla.
Calificación personal: 8.6 - 9
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