Cómprame un revólver

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Creo que nunca había visto una propuesta post-apocalíptica situada en México. Cómprame un revólver inicia en un México controlado por narcos, de manera oficial, claro está. El director Julio Hernández retrata una realidad fascinante que raya entre lo aterrador de lo distópico y lo incómodo de lo cotidiano. Ambos elementos convergen para darnos una película completamente atemporal. México es un paisaje desértico, lleno de ranchos, fiestas, bailes, tipos en sombreros, niños creciendo a costa de una cruda violencia que es parte de su formación como personas. Una lucha interna por sobrevivir, aún cuando no pueden entender todo lo que eso implica. Entonces hacerse la siguiente pregunta duele muchísimo, porque es inevitable y porque es un elefante en la habitación que está por romper el techo: ¿es Cómprame un revólver una ficción distópica o un documental ubicado en el México del siglo XXI? Eso es, en definitiva, lo más significativo de esta cinta.

Sin embargo, Cómprame un revólver está lejos de ser perfecta. Se notan muchos fallos y no porque el trabajo sea mediocre, sino porque es más que obvio que la falta de presupuesto es notoria. Es frustrante ver cómo producciones con tanto potencial no pueden realizarse de manera ideal porque los recursos están siendo gastados en porquerías. Se notan muchísimo las ganas de trabajar y de sacar adelante este proyecto por parte del equipo de producción y de cierta manera logran hacerlo, incluso hasta retratan con mucho éxito algunas secuencias brillantes y aterradoras.

Salvo algunas inconsistencias en el guión, la falta de presupuesto y un casting, evidentemente lleno de no-actores, que pesa mucho por su falta de preparación, Cómprame un revólver es una propuesta ambiciosa, apabullante y es de las mejores opciones para ver del cine mexicano actual. Es un discurso que no debería perderse con el tiempo.

Calificación personal: 6.3


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