
La camarista toma lugar en uno tantos hoteles que abundan en la Ciudad de México y es la historia de una mujer que día a día sigue la misma rutina de asear las habitaciones de hotel con el único propósito de asegurar el bienestar de su hijo.
Los días parecen transcurrir estrepitosamente, la locación evoca una sensación de claustrofobia y confusión donde el tiempo parece perderse y donde lo único que tenemos por seguro es la rutina de Eva, quien a través de muy contadas expresiones y mucha solemnidad, nos deja conocerla poco a poco.
Evidentemente existen muchos elementos para comparar esta cinta con Roma, su contemporánea que también reside en la gran ciudad. No obstante, el acercamiento es diferente. La mirada de Cuarón se concentra en un enfoque nostálgico, lleno de memorias en el que Cleo lucha contra ciertas adversidades, pero nunca está bajo constante presión. Por otro lado, la mirada de Lila Avilés, realizadora de esta película, se concentra en un discurso de protesta, exhibiendo las carencias de los trabajadores y las pocas oportunidades que reciben. Al final Eva y Cleo comparten el mismo camino, uno en el que inevitablemente deben caer en una espiral de terror e incertidumbre, pero el relato de Eva llega a conclusiones diferentes. Es, muy a su modo, una mirada contraria, pero necesaria.
Calificación personal: 8
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