
Hay remakes que definitivamente son mejores que la versión original. Pasa que son pocos y algunos son tan icónicos, que damos por hecho que son los originales. Pasó en 1939 cuando Victor Fleming realizó The Wizard of Oz, la versión que todos conocemos y que no fue la primera película que contaba esa historia en la pantalla; ya se había hecho una en 1925, cuando el sonido aún no llegaba al cine. Otros ejemplos como The Thing o Scarface han demostrado que, sabiendo cómo aportar algo nuevo, no es tarea difícil realizar una gran película aunque se trate de una historia no original.
Ese reto es el que Disney ha enfrentado desde hace varios años. Pareciera que fue ayer cuando apareció el remake de Maléfica en live action. Desde entonces, el empeño por convertir la animación en realidad por parte del estudio más grande del mundo ha sido constante. Personalmente no encuentro ninguna fascinación en los remakes de Disney; se sienten como una versión plastificada, constantemente justificando su existencia con el propósito de servir como una experiencia para las nuevas generaciones, pero exhibiendo de manera intrínseca una actitud, a veces cínica, que demuestra la única intención de invertir grandes cantidades de dinero que aseguren ganancias colosales. Esta perspectiva me ha llevado a no tomar en cuenta la gran mayoría de remakes ya estrenados y en proceso. Sin embargo, creo que es buena hora para abordar este tema, sobre todo tratándose del clásico más alabado del estudio.
La nueva versión de The Lion King inicia con la misma canción de El ciclo sin fin, una pieza que de por sí es apasionante y con la animación se convierte en una de las cosas más legendarias que le han pasado al cine. Aquí, me parece, se vuelve pasable. Y es que desde los primeros segundos se nota cómo la producción de esta película decidió copiarse, prácticamente, cuadro por cuadro. Evidentemente hay algunas tomas que en tres dimensiones se notan un poco extrañas y por ello hay ligeras variaciones. Poco antes de finalizar la introducción musical podemos notar algo bastante incómodo, que pesará mucho durante toda la película: las expresiones. Evidentemente en la animación, los personajes son muy expresivos, pues en ellos existe una humanización implícita que, además, atrae la atención de los niños. Ahora, a fin de apostar por un realismo puro, se decidió limitar cualquier tipo de expresión facial en cada uno de los animales.
Conforme la película avanza se pueden descubrir más y más detalles. En los números musicales se pierde muchísimo dinamismo, por la misma situación complicada de las expresiones. Mientras en la versión animada existían muchos tipos de planos, en la versión actual los planos son, más bien, generales. No vemos a los animales cantar porque no los muestran y aunque hay cierto sentido en esto, la falta de dinamismo me produjo una sensación de estar viendo un programa de Animal Planet mientras tenía la música de la película como soundtrack. Sin embargo, no todo es negativo dentro de esta nueva versión. Un ejemplo podría ser que las escenas de acción se miran bastante bien. En general, el realismo es tan asombroso en algunas escenas, que se reconoce el arduo trabajo visual detrás de este proyecto.
En general y como en muchas películas ya hechas por Disney en tiempos recientes. Esta nueva versión del clásico de animación se siente rebajado, adaptado solo para cumplir los estándares mínimos, sin aportar realmente nada innovador dentro de la historia y algunas cosas en el apartado técnico. Los últimos remakes se sienten hechos con demasiada flojera, apenas siendo sostenidos por la nostalgia que evoca una gloria pasada. Las escenas más icónicas de la animación siguen siendo lo mejor de las nuevas versiones, pero por sí solas ya no son memorables sino decentes, pues hay mucho lenguaje audiovisual que es sacrificado con tal de cumplir los caprichos mínimos de un estudio que parece operar en piloto automático y siguiendo una fórmula que, a juzgar por la taquilla, parece ser rentable por muchos años más.
Calificación personal: 5
Conforme la película avanza se pueden descubrir más y más detalles. En los números musicales se pierde muchísimo dinamismo, por la misma situación complicada de las expresiones. Mientras en la versión animada existían muchos tipos de planos, en la versión actual los planos son, más bien, generales. No vemos a los animales cantar porque no los muestran y aunque hay cierto sentido en esto, la falta de dinamismo me produjo una sensación de estar viendo un programa de Animal Planet mientras tenía la música de la película como soundtrack. Sin embargo, no todo es negativo dentro de esta nueva versión. Un ejemplo podría ser que las escenas de acción se miran bastante bien. En general, el realismo es tan asombroso en algunas escenas, que se reconoce el arduo trabajo visual detrás de este proyecto.
En general y como en muchas películas ya hechas por Disney en tiempos recientes. Esta nueva versión del clásico de animación se siente rebajado, adaptado solo para cumplir los estándares mínimos, sin aportar realmente nada innovador dentro de la historia y algunas cosas en el apartado técnico. Los últimos remakes se sienten hechos con demasiada flojera, apenas siendo sostenidos por la nostalgia que evoca una gloria pasada. Las escenas más icónicas de la animación siguen siendo lo mejor de las nuevas versiones, pero por sí solas ya no son memorables sino decentes, pues hay mucho lenguaje audiovisual que es sacrificado con tal de cumplir los caprichos mínimos de un estudio que parece operar en piloto automático y siguiendo una fórmula que, a juzgar por la taquilla, parece ser rentable por muchos años más.
Calificación personal: 5
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