Midsommar

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Apenas el año pasado tuvimos la fortuna de tener una nueva voz en el cine comercial, especialmente en el apartado del horror. Ari Aster llegó con Hereditary (2018) y dio mucho de qué hablar. Personalmente considero que esa película está entre lo mejor del año, ya que cuenta con varias características únicas que tienen el sello característico del director. Formarse una identidad en la industria es algo que Aster ha sabido hacer y me parece algo digno de un prodigio, sobre todo tratándose de su primer proyecto de larga duración.

En esta ocasión tenemos a Midsommar, una película pequeña pero ambiciosa. La historia inicia sin contemplaciones: Dani (Florence Pugh) es una chica con muchos problemas emocionales, ya que su hermana tiene un trastorno de bipolaridad y además muestra tendencias suicidas. El único apoyo emocional de Dani es su novio Christian (Jack Reynor). Dani no lo sabe, pero Christian está pensando en terminar su relación con ella, pues Dani se ha vuelto una carga en su vida, alguien a quien constantemente debe apoyar y hasta resolverle los problemas. Lo peor: cuando Dani se entera que ha perdido a su hermana, Christian se niega a dejarla sola, aunque sabe que la carga emocional va a ser mayor. Poco a poco las situaciones que viven los llevan a aceptar un viaje a lo que parece ser un retiro espiritual en Suecia, en una comunidad pastoral apartada del resto del mundo. Ellos no viajan solos: los acompañan sus amigos Josh (William J. Harper), Mark (Will Poulter) y Pelle (Vilhelm Blomgern), este último, nativo de la comunidad sueca. En cuanto llegan al país escandinavo, la experiencia se torna en un viaje más espiritual donde los chicos tienen contacto con drogas alucinógenas durante su recorrido y estancia. Conforme va avanzando la trama y los chicos tienen contacto con los aldeanos, una serie de sucesos hará que a cada uno de ellos le toque ver su suerte y se vuelvan presas de una constante paranoia, donde nadie tiene muy en claro si lo que ocurre es real o es un efecto secundario de las drogas.

Esta película tiene muchos aciertos. En primera, es una cinta hecha prácticamente a la perfección, donde cada elemento visual y sonoro está en su lugar y luce. Me impresiona mucho el talento que Aster tiene a la hora de dirigir, ya que es un tipo que sabe qué es lo que quiere y cómo lo quiere con lujo de detalle. Su estilo es perfecto en lo estético; sus encuadres, tan simétricos y cuidadosos tienen un lenguaje visual rico y lleno de matices. El lenguaje cinematográfico presente, no solo aquí sino desde Hereditary, es casi absoluto. La mejor parte es que Aster parece tener la tendencia de salirse del esquema y presentar historias que parecen no encajar en ningún género y a la vez encajan en muchos géneros. Creo que para este punto es bastante obvio decir que tanto Midsommar como Hereditary no son películas de horror. Así como Guillermo del Toro justificó que su película Crimson Peak (2015) no es una película de horror sino un romance gótico, yo haré lo mismo al tratar de justificar mi percepción sobre la visión de Aster. En ambas cintas nos encontramos con una problemática universal (la maternidad y el destino en Hereditary; las relaciones tóxicas y el concepto de la libertad en Midsommar) y Aster podría seguir un camino convencional al retratar dichas realidades a través de una trama más dramática. Sin embargo, Aster elige el horror (y sobre todo el horror psicológico) para expresar lo que sus personajes sienten cuando viven tragedias tan horribles como las que suceden en ambas películas de Aster. Midsommar es un drama romántico que utiliza elementos de horror a su conveniencia para expresar con la mayor pureza posible aquellas emociones de ansiedad, miedo y duelo que, principalmente, su protagonista vive. Asimismo, en conjunto esta es una película grandiosa al retratar la claustrofobia que se vive en un espacio que aparenta ser tan libre, donde sus habitantes realizan rituales para agradecerle a la vida y la muerte la oportunidad de existir, donde todos bailan hasta cansarse para coronar a una reina de mayo, quien llevará un traje de flores, simbolizando la vida, para bendecir las cosechas. Pero detrás de eso se esconde una profunda tristeza, un sentimiento desolador donde en realidad nadie es dueño ni de sí mismo.

A pesar de los grandiosos aciertos en su más reciente obra, Aster no se salva de cometer algunos pecados que, más bien, podrían deberse a que la versión que todos estamos viendo es una versión cortada, ya que la versión del director abarca mucho más. Midsommar, por momentos se siente un poco aletargada, su ritmo tan contemplativo es grandioso en algunas escenas, pero en otras no parece funcionar del todo. Asimismo, hay algunos arcos narrativos aquí que no se cierran del todo (o en lo absoluto) y también me hubiera gustado obtener más contexto sobre la aldea y razones más específicas detrás de varios rituales que se muestran a lo largo de la cinta. Además, hay un personaje en específico que me parece que no tiene un desarrollo adecuado y solo está ahí, a la distancia, sin hacer nada a pesar de que aparenta ser alguien que podría estar detrás de algo importante. Hubo unas pocas decisiones que me parecieron un tanto forzadas, pero en general no podría quejarme mucho de esto.

Midsommar será un clásico de culto que estará guardada en el mismo cajón que otras películas difíciles de ver como The Wicker Man (1973) o hasta la misma Cannibal Holocaust (1980), visto desde un enfoque antropológico.


Calificación personal: 7.6 - 8


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