
Esta reseña tiene spoilers de la serie Breaking Bad.
Mi historia con Breaking Bad (2008-2013) comenzó en el verano del 2011, cuando apenas se había terminado de transmitir la cuarta temporada de la serie. En aquel entonces, la producción liderada por el director estadounidense Vince Gilligan había dejado a la serie de televisión con un final que parecía ser insuperable, al cerrar el arco de Gus Fring, quien siempre será recordado como uno de los villanos más abominables que se han visto. Engancharse con la serie es muy fácil, ya que la historia de Walter White, ese profesor de química que recurre a elaborar metanfetaminas para conseguir recursos para superar su cáncer de pulmón y dejarle un legado a su familia está realizada con una producción de alto nivel. No hay que ser un experto para darse cuenta que la serie tiene un lenguaje cinematográfico superior al de casi todas las series de su tiempo. Es por ello que se volvió habitual que las demás cadenas de televisión empezaran a competir con un contenido que mostraba más calidad que antes. Tras el final de la serie, Gilligan y compañía apostaron por Better Call Saul (2015 - ) una serie que sirve como precuela al centrarse en la vida de uno de los personajes secundarios de Breaking Bad. Al parecer, Gilligan no quedó conforme y ahora ha decidido expander el universo de esta historia con El Camino: A Breaking Bad Movie.
Esta película producida por Netflix, el aún gigante de los streamings, se centra en otro personaje secundario de la serie original. En este caso hablamos de Jesse Pinkman (Aaron Paul), quien se desempeñó como el principal ayudante de Walter White (Bryan Cranston) y en algún momento jugó contra él cuando el anti héroe que protagonizó la serie decidió corromperse definitivamente. Pinkman siempre fue un personaje firme a su moral y a sus ideales. Al principio de la historia se mostraba como un pandillero rudo que se juntaba con traficantes de bajo rango. Sin embargo, en el fondo siempre fue alguien que quería vivir una vida feliz y formar una familia. Durante la última temporada, Pinkman cae preso y es puesto a merced de un grupo de mercenarios que solían trabajar para White y que ahora tienen el control de todo el negocio de la meta. Ya en el último episodio, Pinkman encuentra su salvación gracias al mismo White, quien acaba con los mercenarios a través de una narrativa donde todo le sale bien al protagonista, tan bien que cuesta creer que en realidad pasó y que no se trataba de una alucinación en su cabeza (teoría que ya no es válida gracias a, pues, El Camino). Pinkman huye, pero no se sabe nada de él hasta ahora. El Camino inicia en el momento que la serie termina y retrata las horas posteriores a los sucesos finales de Breaking Bad.
Debo decir que Breaking Bad fue mi serie favorita durante mucho tiempo, antes de que Twin Peaks llegara a mi vida. Cuando me enteré de esta película, decidí no investigar sobre la trama ni el reparto ya que mi intención era sorprenderme con la nueva propuesta de Vince Gilligan. Sin embargo, el tiempo pasaba y mi expectativa se convertía lentamente en un desinterés apenas motivado por algo de morbo. Cuando se estrenó El Camino, una parte de mi quería verla y escribir sobre ella, pero también otra parte de mi quería pasar de largo. Evidentemente ganó la primera y heme aquí escribiendo sobre esta obra que me trae muchos recuerdos de mi vida a principios/mediados de década. En una primera instancia, El Camino se siente como si el tiempo no hubiera pasado, como si el material hubiera sido emitido apenas unas semanas después de que la serie finalizara. Eso sí, hay cambios evidentes: Aaron Paul definitivamente se ve más viejo y Jesse Plemons, quien interpreta a Todd, está muy pasado de peso. Nada en contra de las personas plus size, pero se trata de un tremendo error de continuidad si tomamos en cuenta que el personaje de Plemons aparece en flashbacks, en un momento en la historia que se cruza con la serie y donde el actor lucía diferente. Fuera de eso, la película cuenta con la misma calidad audiovisual que la serie. Prueba irrefutable de que la serie de televisión era más cine que otra cosa.
La película, centrada principalmente en el personaje de Jesse Pinkman, consiste de una narrativa bastante ligera, donde poco sucede y todo el conflicto está reposando en la mente de Pinkman. Parece una obra de estudio de personaje donde Gilligan quiere estudiar a fondo los efectos psicológicos y emocionales que Pinkman tiene después de haber escapado. A lo largo de la cinta, Pinkman tiene que enfrentarse a otros conflictos antes de poder encontrar un camino hacia la libertad de definitiva y se vale de los fantasmas, aún recientes y sólidos, de aquellos personajes que cambiaron su vida por completo. Pinkman tiene recuerdos constantemente y se vale de momentos significativos con otros personajes del pasado para encontrar una solución. Particularmente se vale de un par de trucos al estilo Walter White para salir adelante, lo cual representa un desarrollo grandioso en su personaje. El Camino es un compendio de memorias, una adición que funciona como un epílogo justo, aunque un tanto gris y parsimonioso en el universo de la serie y en el personaje de Pinkman. No es una mala película, pero se siente más un especial de larga duración y logra ser significativa gracias a la gran cantidad de meta referencias que están presentes. Dicho esto, El Camino no es una película que se pueda disfrutar a plenitud sin el contexto de la serie y en ella encontramos un producto poco memorable que en ningún momento está a la par de los últimos cuatro episodios de la serie, mucho menos del último capítulo.
Calificación personal: 6.6
Debo decir que Breaking Bad fue mi serie favorita durante mucho tiempo, antes de que Twin Peaks llegara a mi vida. Cuando me enteré de esta película, decidí no investigar sobre la trama ni el reparto ya que mi intención era sorprenderme con la nueva propuesta de Vince Gilligan. Sin embargo, el tiempo pasaba y mi expectativa se convertía lentamente en un desinterés apenas motivado por algo de morbo. Cuando se estrenó El Camino, una parte de mi quería verla y escribir sobre ella, pero también otra parte de mi quería pasar de largo. Evidentemente ganó la primera y heme aquí escribiendo sobre esta obra que me trae muchos recuerdos de mi vida a principios/mediados de década. En una primera instancia, El Camino se siente como si el tiempo no hubiera pasado, como si el material hubiera sido emitido apenas unas semanas después de que la serie finalizara. Eso sí, hay cambios evidentes: Aaron Paul definitivamente se ve más viejo y Jesse Plemons, quien interpreta a Todd, está muy pasado de peso. Nada en contra de las personas plus size, pero se trata de un tremendo error de continuidad si tomamos en cuenta que el personaje de Plemons aparece en flashbacks, en un momento en la historia que se cruza con la serie y donde el actor lucía diferente. Fuera de eso, la película cuenta con la misma calidad audiovisual que la serie. Prueba irrefutable de que la serie de televisión era más cine que otra cosa.
La película, centrada principalmente en el personaje de Jesse Pinkman, consiste de una narrativa bastante ligera, donde poco sucede y todo el conflicto está reposando en la mente de Pinkman. Parece una obra de estudio de personaje donde Gilligan quiere estudiar a fondo los efectos psicológicos y emocionales que Pinkman tiene después de haber escapado. A lo largo de la cinta, Pinkman tiene que enfrentarse a otros conflictos antes de poder encontrar un camino hacia la libertad de definitiva y se vale de los fantasmas, aún recientes y sólidos, de aquellos personajes que cambiaron su vida por completo. Pinkman tiene recuerdos constantemente y se vale de momentos significativos con otros personajes del pasado para encontrar una solución. Particularmente se vale de un par de trucos al estilo Walter White para salir adelante, lo cual representa un desarrollo grandioso en su personaje. El Camino es un compendio de memorias, una adición que funciona como un epílogo justo, aunque un tanto gris y parsimonioso en el universo de la serie y en el personaje de Pinkman. No es una mala película, pero se siente más un especial de larga duración y logra ser significativa gracias a la gran cantidad de meta referencias que están presentes. Dicho esto, El Camino no es una película que se pueda disfrutar a plenitud sin el contexto de la serie y en ella encontramos un producto poco memorable que en ningún momento está a la par de los últimos cuatro episodios de la serie, mucho menos del último capítulo.
Calificación personal: 6.6
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