
El mundo cinematográfico de los superhéroes es vasto en 2019, aunque las dos principales corrientes (una empoderada Marvel y una debilitada DC) han trazado caminos precisos, llevando al espectador a concebir dos estilos únicos a la hora de contar una película de este género. ¿Hay cabida para el cine de arte en este género? Ciertamente ningún autor cuyo currículo está alejado de esta parte de la industria se había animado a realizar una propuesta hasta hoy. El responsable, Todd Phillips, quien en algún momento estuvo trabajando con Martin Scorsese para realizar una nueva versión de The Man Who Laughs (1928). Bajo esta visión, el acercamiento al archi enemigo de uno de los superhéroes más icónicos de la historia iba a ser completamente diferente y estaría alejado de los efectos especiales, así como la forzada narrativa con elementos cómicos que ya han marcado un ritmo definido a la hora de escribir cine de este tipo.
Es así como Phillips y compañía empezaron a crear a los personajes, cuyo diseño se centra principalmente en personajes de la década de los setenta. La meta: desarrollar una película centrada la creación meticulosa de un personaje. Fue así como, poco a poco, se fueron acercando más a la idea de tomar al Joker, uno de los villanos más increíbles que se han creado, como estandarte para levantar este proyecto. Ciertamente la figura del mal llamado "guasón" ha servido como símbolo para retratar el lado oscuro de la sociedad estadounidense en diferentes etapas históricas. Sin embargo, fue hasta 2008 cuando el realizador Christopher Nolan supo explotar a la malvada figura caótica para retratar el estrés post traumático de un país que siete años antes vio caer, no solo unos edificios que simbolizaban el poder económico de la nación, sino que también atestiguó el colapso de un narcisismo que les hacía pensar que eran un estado impenetrable y todopoderoso. A partir de ahí, la figura del Joker fue mutando una vez más, sin encontrar una figura tan determinante como la que construyó el actor australiano Heath Ledger para su personaje. Hasta ahora.
¿Cuál es el lugar del Joker en 2019? ¿Cómo podemos posicionar su imagen en un mundo cada vez más cosmopolita y voluble? ¿Qué tanto ha cambiado la población estadounidense en una década? Esta vez, la producción de la nueva película del Joker tomó un camino aún más difícil: establecer su universo en una línea del tiempo que se ajusta en algún punto de la década de los ochenta. Quizá una zona de confort para el personaje de un Joker cuya ciudad de origen, Gótica, no podría verse más neoyorkina. Justo ese contexto le favorece porque la Nueva York de los ochentas estaba viviendo tiempos turbios entre una crisis económica nacional que pasaría a llamarse como el Lunes negro o Crack del '87 y la evidente desigualdad social que era consecuencia directa de la recesión previamente mencionada. La falta de presupuesto del gobierno para financiar programas sociales se tradujo en un incremento de protestas callejeras, delincuencia organizada y una sensación de zozobra generalizada. Al menos en Gótica, la deficiencia en los programas sociales tuvo como principal víctima a Arthur Fleck, un individuo que tiene un desorden neurológico que le provoca una incontinencia afectiva (episodios incontrolables de risa). A pesar de la depresión y los problemas emocionales que combate todos los días, Arthur es un tipo que trabaja disfrazándose de payaso para amenizar tiendas y hospitales, cuida de su madre incapacitada y asiste regularmente a terapia. No obstante, todo se colapsa cuando el ineficiente sistema de Gótica, en sus tres poderes, se encamina hacia un rumbo de perdición.
Joker es una película que bebe directamente de dos tipos de fuentes, siendo la primera el cine de Martin Scorsese cuyas películas de los años setenta y ochenta ayudaron a reafirmar el movimiento del New Hollywood, que fue una corriente de cine enfocada en la realización de películas de protesta con historias más crudas y mensajes sociales incómodos. El Estados Unidos del post-Vietnam le queda como anillo al dedo al Joker de Joaquin Phoenix, quien es el actor encargado de caracterizarlo. Dos de las películas de Scorsese que más se prestan a las comparaciones son Taxi Driver (1976) y The King of Comedy (1983) aunque yo me atrevería a añadir a After Hours (1985). Dichas películas de Scorsese cuentan historias centradas en personajes con conflictos personales muy complejos y eventualmente recorren un camino de transformación que los lleva a volverse una versión trastornada de sí mismos. La segunda fuente se centra en el cine de culto en general desde Serpico (1973) y One Flew Over The Cuckoo's Nest (1975) hasta Fight Club (1999) y American Psycho (2000). Phillips toma muchos elementos narrativos, visuales y de producción en general para crear un mundo sombrío, caótico y lleno de desesperanza.
Ahora, ¿todo esto funciona? La respuesta es un contundente sí. Esta película logra su cometido de realizar un extenso estudio de personaje, uno donde el espectador pueda ser lo suficientemente empático como para entrar en ciertos dilemas morales a lo largo de la cinta. Si bien la obra de Phillips no promueve la violencia bajo ninguna circunstancia, hay algunas escenas aquí que son lo suficientemente poderosas como para comprender la toma de decisiones de un Arthur Fleck que se va perdiendo progresivamente en el maquillaje de payaso y abraza su nueva identidad con la misma calidez que el cariño que siempre añoró recibir alguna vez en su vida. Al final esta película solo incita a comprender la psicología de un hombre que se ha desmoronado porque nunca tuvo la oportunidad de realizar sus sueños, ya que tuvo la mala fortuna de nacer en un mundo que nunca iba a aceptarlo. La crítica voraz a un sistema decadente que aún quiere convencerse a sí mismo que es autosustentable. Y por supuesto, no puede existir un Joker decente sin una grandiosa actuación de por medio. El trabajo que Joaquin Phoenix hace con su personaje es digno de todos los reconocimientos habidos y por haber.
El realizador Phillips acierta en crear una película centrada en la figura del anti héroe. Su producción es cuidadosa, ensamblada con lujo de detalle. No obstante, podríamos criticar la narrativa de la historia, que puede sentirse caprichosa y un tanto inestable. También se presta a manera de crítica y análisis el lugar que este nuevo Joker tiene en el ahora, si es que carga con algún símbolo que pueda ser el reflejo de algunas particularidades de nuestro tiempo. Creo que el tiempo definirá esto último y aunque me siento un poco reservado al tocar esta película, no tengo ningún problema en reconocer que la disfruté mucho y que es una de las películas más difíciles que he visto en el año.
Calificación personal: 8.6
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