Todas las pecas del mundo




Esta es una gran sorpresa porque no pensé que se pudiera ver una buena película mexicana en este 2019. La industria está azotada por un huracán de mediocridad liderada por ineptos que no tienen idea de cómo escribir un guión y mucho menos cómo componer una toma. Afortunadamente hay héroes sin capa y uno de ellos es Yibrán Assuad, quien hace su debut como director. Assuad trabajó por muchos años como editor y es el responsable de ensamblar películas como la fantástica Museo (2018), la experimental Tenemos la carne (2018) y otras obras de culto como Drama/Mex (2006). Todas las pecas del mundo no es la excepción en su extenso currículo como editor.

Esta película está vista desde el personaje de José Miguel Mota (Hanssel Casillas), un niño de 12 años que acaba de entrar a la secundaria. Él y su familia se mudan constantemente, por lo que su inserción en la escuela de turno ocurre cuando falta poco para que termine el año escolar. José Miguel se hace de amigos de forma inmediata y se fija una meta en particular: conquistar a Cristina (Loreto Peralta), la chica más guapa de toda la secundaria. Pronto sus intenciones se ven fustradas cuando descubre que ella ya tiene novio, pero él no se rinde y se inscribe con sus amigos en un torneo de futbolito organizado por la misma escuela, a propósito de la época mundialista que se vive en la historia. José Miguel se entera que a Cristina le gusta el fútbol, así que el torneo será su única y más grande oportunidad para impresionarla.

Evidentemente, no estamos hablando de la historia más impresionante e innovadora del mundo. México es un país donde las principales fuentes de cultura se extraen de áreas como el clasismo, el racismo, el machismo, la cultura del esfuerzo, pero también la de la "transa", la violencia y, por supuesto, el fútbol. Si nos ponemos a pensar en los temas anteriores, resulta irónico ver a las salas mexicanas llenas de películas cómico-románticas, aunque si lo reflexionamos detenidamente, se trata de un escape. Un escape en el cual también se pueden encontrar los elementos antes mencionados, pero entre líneas. En Todas las pecas del mundo también podríamos encontrar un poco de esto, pero se realizado de una forma más honesta. Está claro que el contexto principal es el deportivo y a su vez el motor principal para que el protagonista pueda llegar a su meta, pero esta no es una película que se trata del fútbol.

Hay muchos puntos positivos que se pueden resaltar de esta película. Primero que nada, es una historia bastante coherente que no se enreda en sub tramas innecesarias y gira siempre en torno a José Miguel. El niño, hay que decirlo, es un chamaco egoísta y un increíble imbécil, pero existe una lógica sólida detrás de la relación entre su toma de decisiones y su personalidad. José Miguel funciona como un elemento caótico que está sobrepuesto para alterar y cambiar a las personas a su alrededor. En eso, la película es un acierto incuestionable y ayuda a establecer una premisa más clara que va más allá del coming of age tradicional donde el ser se enfrenta a uno o varios conflictos con el fin de crecer como persona. Después, debo reconocer que el trabajo de Assaud en la producción y post-producción es brillante. Creo que los actores, niños reales en edad de secundaria y no adultos fingiendo ser niños, están muy bien dirigidos. El Assaud editor compensa cualquier desperfecto en el desempeño actoral con un montaje sobresaliente, digno de una película de arte de alta calidad. Asimismo, el director se da la oportunidad de hilar secuencias a través de transiciones que parecen simples, pero que traen muchos detalles consigo (sobre todo sonoros) y hasta experimentar con los movimientos de cámara, sobre todo durante las escenas de los partidos de futbolito. Movimientos dignos de entrar en el terreno del cine experimental. Una locura.

Esta película, vuelvo a recalcarlo, no es la novena maravilla del mundo en términos narrativos. Sin embargo, es de reconocer que detrás de esta puesta en escena, tan discreta y llena de particularidades muy universales se esconde una película hecha con mucho corazón. Assaud se toma el tiempo de construir muchas cosas en un contexto que parece inútil para las necesidades del público mexicano. Juega con la nostalgia de una época que ni sus mismos actores principales vivieron y aún así se desenvuelven en ella con la misma naturalidad del ahora. Todas las pecas del mundo vive en el México de 1994, uno de los años más difíciles que se recuerdan en la historia del país y cada conflicto de ese México está presente, de alguna manera, en cada personaje de esta película. Y también lo está en la ausencia misma, porque José Miguel es un niño que se llena de valor para sobrevivir en un contexto que podría cambiar en cualquier momento. No obstante, es ese mismo coraje el que lo aleja de las mismas personas con quien quiere relacionarse y no puede ver más allá de sí mismo. No puede ver que hay otra niña que lo puede querer mucho más que Cristina, no puede ver que uno de sus compañeros sufre un evidente abuso sexual por parte de uno de los docentes y mucho menos puede voltear a ver todos los problemas que tiene en casa. Solo le quedan sus inventos y sus ambiciones. Es la fábula de un niño prodigio cuya chispa está en constante amenaza de apagarse y la película, en lugar de detenerse a resolver todos estos detalles, decide quedarse y seguir adelante con él. Para muchos será uno de los errores más criticables que esta cinta pueda tener, pero para mi es un gran acierto.

Porque al final no queda más que salir adelante con lo que se pueda y con lo que se tenga, a pesar de todas las equivocaciones que cometimos en el camino. Gran película.


Calificación personal: 8


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