Hay un punto de no retorno en la vida donde ya no hay lugar para la redención. Eso lo sabe Frank Sheeran (Robert De Niro), un anciano con muchos remordimientos. Sheeran es el relator principal de la película, en la cual conoceremos sobre varias vivencias que marcaron su vida. Durante su juventud, Frank se alistó en el ejército y sirvió para los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, donde tuvo que salvar su vida en más de una ocasión, a cambio de terminar con la vida de los enemigos. Tras el horror de la guerra, Frank consiguió un empleo de conductor para una compañía transportista de mercancía. Las circunstancias lo llevan a conocer a Russell Bufalino (Joe Pesci), uno de los más importantes mafiosos del país en aquella época y quien lo apadrina para meterlo en el lado oscuro de los sindicatos de trabajadores. A partir de ese momento, Frank es consciente que ha dejado de ser dueño de su propia vida y que debe mantener un perfil bajo, siendo leal en todo momento, para no terminar enterrado en una fosa común.
The Irishman se basa en hechos reales, específicamente en el libro I Heard You Paint Houses del escritor y abogado Charles Brandt, quien dedicó una buena parte de su tiempo en investigar al verdadero Frank Sheeran, a la familia Bufalino y su negocio, pero sobre todo a Jimmy Hoffa (interpretado por Al Pacino en esta cinta), un importante líder sindical y político, quien desapareció en 1975 y nunca fue encontrado. La película, dirigida por el legendario Martin Scorsese, uno de los mejores cineastas de todos los tiempos, es una odisea de tres horas y media donde se relatan varios de los crímenes más terribles del nivel más crudo y oculto de la sociedad. Scorsese tiene mucha experiencia dirigiendo cine de gángsters y The Irishman parece ser el acabado final de su trabajo en dicho género. Sus películas de mafiosos siempre han estado rebosadas por narrativas violentas donde sus protagonistas pierden la humanidad con tal de entregarse al poder absoluto. Estamos hablando de películas enérgicas, complementadas con secuencias frenéticas, musicalizadas con música rock y de orquesta, la cual es usada de forma efectiva para transmitir la euforia que personajes como John Civello (Mean Streets) o Henry Hill (Goodfellas) sentían durante las escenas climáticas de la película que protagonizaban. El cine de Scorsese se volvió un icono por estas razones y por supuesto que está presente en una gran cantidad de escenas de The Irishman, sobre todo en aquellos relatos donde Sheeran narra su ascenso en el mundo de la mafia.
Esta es una película maratónica que no se siente innecesaria en ningún momento. Es alucinante cómo cada una de las escenas se sienten ensambladas a la perfección. Cada intervención de los protagonistas, De Niro, Pesci y Pacino, es exacta y completamente justificada. Asimismo, las actuaciones de los mismos son meticulosas e impecables. Natural, puesto que estamos hablando de tres viejos lobos de mar que protagonizaron varias de las películas más memorables del siglo pasado. El apartado audiovisual y la producción en general de esta cinta es de lo más completo que se puede ver en el cine actual. Es una obra artesanal hecha por artistas que combinan su inigualable talento con más de cuatro décadas de experiencia haciendo cine. Si bien la historia en sí no es muy vistosa y relevante, está escrita de una forma inteligente, construyendo escenas y diálogos enteros con cierto atrevimiento. Esto es complementado en post producción con un ensamblaje audiovisual que enriquece todo lo que el director Scorsese y el guionista Steven Zaillian nos quieren transmitir.
Algo que me llamó la atención es que parece que esta obra está partida en dos partes. Primero tenemos las memorias de Frank Sheeran y su paso por el mundo de los sindicatos y los tribunales. Es impresionante verlo junto a su grupo de colegas en su intento por controlar el sistema de todo un país. Hay relatos que se entrelazan con puntos de inflexión importantes en la historia de Estados Unidos, como la conspiración para asesinar a Fidel Castro o el mismo asesinato del presidente Kennedy en 1963. Esto ayuda a tener un contexto más grande y preciso sobre el papel que jugaban estos infames personajes y cómo sus roles dentro de la mafia fueron esenciales para formar parte de la historia de los Estados Unidos del siglo XX. Asimismo, los códigos y pactos entre mafiosos, así como sus negocios y trabajos sucios están presentes a lo largo de la película y acaparan escenas extensas en donde podemos comprender de manera objetiva las motivaciones que tenían para hacer lo que tenían que hacer. Una vez más, Scorsese cuenta una historia donde no hay héroes ni villanos; solamente hay quienes son más perspicaces que otros y saben en qué momento realizar sus jugadas.
Por otro lado, y sobre todo refiriéndome a la última hora de la película, la historia se centra más y más en Frank y en la culpa que carga, misma que no puede desahogar porque tiene a todo el sistema de justicia detrás. Siempre hay un motivo religioso en cada película de Scorsese. A veces están muy presentes y a veces parecen servir más como una especie de utilería de escena. En esta parte, el lado espiritual de Scorsese sobresale y se vuelve un punto de reflexión esencial para Frank. Los finales de otras películas de Scorsese eran abiertos, hasta cierto punto. Por ejemplo: Henry Hill es arrestado al final de Goodfellas (1990), pero recibe otra oportunidad. Otro ejemplo podría ser el de Sam Rothstein (interpretado por el mismo De Niro) en Casino (1995), quien termina en el exilio, pero "justo donde había empezado". Esta vez es diferente y siento que tiene mucho que ver con el hecho de que el propio Scorsese está empezando a ver el final del camino. ¿Qué hay más allá del final del camino? ¿Siempre se tiene una oportunidad para redimirse? ¿Hay lugar para el arrepentimiento en este mundo? ¿Existe realmente una manera para irse en paz, sin sentir miedo o culpa una vez que el vacío está frente a nuestros ojos? ¿Cómo podemos lidiar con ese proceso? Saber que el final está cerca, que en cualquier momento podríamos irnos y no hay nada que podamos hacer al respecto. The Irishman es un impulso de energía revitalizante que busca reanimar el letargo del cine contemporáneo, pero también es un ocaso que va dibujando sus últimos destellos de luz en el borde de un horizonte compuesto por memorias.
Es importante pensar en el legado que este tipo de artistas van dejando para seguir reinventando la forma de ver y hacer cine. Recientemente se viralizó la opinión de Scorsese en torno a las películas comerciales de hoy, específicamente hacia las películas de superhéroes de Marvel:
I tried, you know? But that’s not cinema. Honestly, the closest I can think of them (superhero films), as well made as they are, with actors doing the best they can under the circumstances, is theme parks.
Podemos estar de acuerdo o no con su opinión. A mi me parece que es una excelente oportunidad para (re)definir el significado del cine; uno que vaya más allá de "serie de fotogramas puestos en una secuencia determinada para crear la ilusión de movimiento". Eso sí, creo que si existe una autoridad lo suficientemente respetable para invitarnos a hacer este tipo de ejercicios, esa es la que tiene Scorsese. Su declaración es personal, pero en ella hay un requerimiento hacia cineastas y público. Consiste en llevar a cabo un ejercicio de reflexión sobre el tipo de contenido que consumimos y producimos. ¿Realmente estamos adquiriendo un conocimiento significativo con el tipo de cine que vemos? No se trata de exterminar el género de superhéroes, pero es obvio que podemos crear y exigir mejores películas. Si el cine de Marvel tuviera la mitad de rebeldía y dinamismo que la primera hora de The Irishman, cada vengador ya tendría su Oscar personalizado.
Regresando a la película: definitivamente estamos ante una de las mejores obras que podemos ver este año en el cine o en la pantalla chica (es producción de Netflix). The Irishman es una película escrita, dirigida y producida a la perfección. Si este es el punto final en la carrera de Scorsese, estamos hablando de una de las mejores obras finales en la carrera de cualquier cineasta. Su obra bien puede pasar por una definición del cine y siempre será esencial para todo aquel que quiera aprender sobre el séptimo arte.
Calificación personal: 9.6
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