The Lighthouse

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El cine de horror ha adquirido varias formas, sobre todo a lo largo de esta década. Si miramos unos diez años atrás para ver cuáles eran las propuestas de este tipo de cine, nos vamos a encontrar con dos corrientes completamente distintas. Por una parte tenemos el formalismo de siempre: puesta en escena y trabajo de cámara pulido y elaborado de manera casi artesanal. Por otra parte, una forma más realista (quizás, hasta cierto punto, naturalista) empezaba a pegar en el mercado con franquicias como Paranormal Activity (2007). Poco a poco, el cine de horror de principios de esta década se fue llenando de filmes hechos con cámara en mano, efectos visuales escondidos y muy elaborados para hacerlos pasar como parte del aspecto realista y una narrativa bastante simple, carente de un significado complejo (al menos de parte de los personajes y su desarrollo) donde todo pasaba, más bien, de un modo circunstancial. Personas haciendo exploración urbana sin idea de lo que están haciendo, jugando juegos como la ouija o mudándose a hogares donde han pasado cosas horribles, etcétera. Si bien ese naturalismo tan defectuoso llegaba a ser consistente, al menos en lo que en taquilla se refiere, en respuesta empezó a surgir una nueva ola de cineastas de horror que han decidido apostar por el formalismo. Anteriormente hablamos de Ari Aster, cuya visión perfeccionista ha logrado que sus películas Hereditary (2018) y Midsommar (2019) se aprecien como auténticos cuadros. Recientemente mencionamos el estupendo trabajo que Mike Flanagan ha hecho, no solo con Doctor Sleep (2019), sino con otros proyectos de Netflix. Sin embargo, considero que el actual MVP del género es Robert Eggers, un joven director de cine y guionista que inició su carrera en la industria como diseñador de producción. En este texto abordaré sobre su más reciente película: The Lighthouse.

La historia es bastante simple, pero voy a intentar ser lo más general para no caer en información que sea muy reveladora. The Lighthouse empieza en algún punto de la historia, sobre el final del siglo XIX. Un hombre llamado Ephraim Winslow (Robert Pattinson) es enviado en un bote para realizar un trabajo de contratista durante cuatro semanas. El lugar: un faro, donde ayudará a mantener la luz de dicha estructura y que ésta sirva como guía para los navíos. El faro se ubica en una isla aislada frente a la costa de Nueva Inglaterra y Winslow debe trabajar bajo la supervisión de Thomas Wake (Willem Dafoe), quien es un hombre de edad avanzada y de carácter terrible. Durante su estancia en el faro, Winslow empieza a notar ciertos detalles inquietantes que pronto empezarán a afectarlo psicológicamente. Asimismo, su jefe parece mostrar una actitud un tanto demencial. Con el paso de los días, Winslow empieza a tener visiones y sueños extraños en los que ve a una sirena y también ve a una extraña criatura con tentáculos.

Hablar sobre The Lighthouse es hablar sobre una de las películas más difíciles y crípticas del año. También es hablar de uno de los triunfos del formalismo más memorables. Podemos empezar a decir cosas buenas de este filme con lo evidente: su excelente producción. Me impresiona mucho el trabajo de Robert Eggers y su equipo. Cuando Eggers realizó The Witch (2015) se podía ver ya un enorme talento para crear los elementos audiovisuales de la película. El trabajo de Eggers está compuesto por tomas pulidas y de gran composición. Si en The Witch había cierto espacio para meter simbolismos, en The Lighthouse el camino es más abierto gracias a su narrativa poco ortodoxa. Eggers sabe que su historia se presta a causar una sensación de claustrofobia y por eso filma en 35mm, en aspecto de 1.19:1 para hacer que la toma tenga una forma de un cuadrado viejo y percudido, emulando la imagen de un filme de finales de siglo XIX. Otro elemento aterrador que se presenta de manera constante es el sonido, tanto diegético como no diegético, conducido por gente que sabe cómo crear atmósferas terroríficas y por un compositor (Mark Korven, quien también hizo la banda sonora de la vvruja) que sabe crear melodías que emulan a la perfección los horrores descritos en los antiguos relatos de altamar. Una pieza como Stranded, de índole casi Lovecraftiana, matiza efectivamente la ya de por sí inquietante y confusa narrativa de la película. 

Hablando más a fondo de la historia, debo decir que The Lighthouse es una película un tanto difícil de descifrar. Me parece que el trabajo de Eggers a nivel guión también es destacado porque crea un relato tan ambiguo y mágico como aquellos que son narrados por navegantes. La historia de Winslow también sirve como un intento de redención donde el faro es su purgatorio. Ambos personajes principales guardan secretos y se retan constantemente, creando una relación de compañerismo co-dependiente, pero también de mucho odio. Al ser una historia donde solamente hay dos personajes, es bastante obvio decir que tanto Dafoe como Pattinson entregan unas actuaciones memorables. Se sabe que ambos son actores de método y en su papel recrean con mucha facilidad el acento y el léxico de la época, así como las actitudes que sus personajes reproducen cuando están en contacto.

The Lighthouse es una película que puede gustar o no (difícilmente la veo siendo adorada por todo el público), pero es, sin duda, un excelente trabajo de horror moderno. Un cuento Lovecraftiano que atormenta a sus protagonistas, llevándolos hacia la locura. Eggers se confirma como el mejor director de cine de horror del momento y también como un Luis Buñuel moderno, aún con muchas cosas más que contar. 

Calificación personal: 9.3




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