
Cuando somos niños aprendemos a tenerle miedo a los monstruos que habitan en nuestra imaginación o a esa oscuridad que ante nuestros ojos parece un vacío lleno de incertidumbres. Aprendemos a tenerle miedo al tiempo y a la vida porque no sabemos qué hay más allá de ella. Pero estos miedos se quedan en esa abstracción dentro de nuestra mente. ¿Qué pasa cuando comienza a ser más real? ¿Qué sucede cuando es tan palpable y definitivo, que no sabemos cómo procesarlo? Pasa en la vida de mucha gente que hay vínculos familiares que se rompen de un momento a otro. Hay niños que desde temprana edad deben vivir con ese miedo tan real que consiste en perder a papá o a mamá, quizá por siempre y aún cuando esa persona siga viviendo en nuestro entorno. Hay personas que, por otro lado, crecen lo suficiente para convertirse en esos padres que no supieron entenderse, que no hallaron la forma de comunicarse eficientemente y que por eso deben obligarse a ya no estar juntos, afectando a sus hijos en el proceso. La idea de una relación perfecta es una de las búsquedas más importantes que las personas suelen tener. Verse acompañados por siempre por otra persona que va a estar ahí para ellos, solucionando sus problemas y acompañándoles en momentos críticos. Es una idea un tanto utópica, pero lo suficientemente fuerte para que las personas tengan la voluntad de buscar una pareja o quedarse con la que tienen, creyendo que pueden solucionar lo que no se puede solucionar.
Marriage Story es la historia de Nicole (Scarlett Johansson) y Charlie (Adam Driver). La película inicia con sus voces en off, narrando las mejores cualidades del otro, como parte de una terapia de pareja. Ahí sabemos que Charlie es un prestigioso director de teatro y que Nicole es todo para él: es su musa, su compañera de trabajo, su esposa y la madre de su hijo. Nicole es una chica originaria de Los Angeles y Charlie lleva un rato estableciéndose en Nueva York. Ella aceptó mudarse con él a la isla de Manhattan para perseguir el sueño de convertirse en los artistas más grandes de la escena. Mientras Charlie representa ese lado formal, analítico, ambicioso y creativo, Nicole es una persona más impulsiva, caótica e insegura. Ella aprendió a amarlo a través de sus inseguridades y a la necesidad de darle un propósito a su vida, apegándose a la vida del otro. Charlie se dio cuenta que en ella encuentra un punto de estabilidad y seguridad en su vida, pero sobre todo encuentra una persona completamente moldeable a su gusto, que no tiene preocupación por seguir sus intereses personales porque está demasiado preocupada por los intereses de Charlie. Entonces, Charlie puede seguir satisfaciendo sus necesidades e impulsos narcisistas a costa de su "buena esposa" mientras ella le soluciona la vida y cuida a su hijo. Todo cambia cuando ella decide que debe empezar a ver por sí misma.
Noah Baumbach es el director de esta película. Baumbach se había divorciado de la actriz Jennifer Jason Leigh antes de escribir esta obra y a su vez es hijo de padres divorciados. Es por ello que Marriage Story cuenta su historia de una manera cruda y honesta. En una escena, un abogado al que Charlie consulta suelta una frase poderosa: "un divorcio es una muerte sin cuerpo". Esta frase es esencial para poder entender la película y la intención que Baumbach tiene al mostrarnos su obra. Es bastante revelador y doloroso que una película de divorcio tenga como título "historia de un matrimonio", porque ese período de transición donde una pareja decide separarse y pelear por sus bienes es, a su vez, parte de la vida matrimonial. Es un momento fatídico pero trascendente en el cual las parejas conocen una parte del otro y de ellos mismos que no conocían. Separarse también es conocerse y a veces el dejar ir también es un acto muy poderoso de amor. Me parece fascinante que la forma en que el espectador va conociendo el lado más bello de la relación de Nicole y Charlie es cuando ellos hablan del otro, pero nunca se dicen estas buenas cualidades de frente. En la terapia de pareja, Nicole se niega a hablar de lo que escribió sobre Charlie, pero ella le habla de él a su familia, a su hijo y a su abogada. Charlie hace lo propio cuando está con sus allegados, pero cuando ambos se encuentran solo pueden discutir. ¿No es desgarrador el llegar a un punto donde puedes hablar cosas buenas de tu pareja con alguien más, pero a él/ella directamente?
Otro punto de inflexión en esta historia es el rol que juegan las personas que ven el problema desde afuera. Es muy cierto que cuando tenemos un problema con nuestra pareja podemos sentirnos con la necesidad de buscar un consejo en las palabras de un amigo. Sin embargo, al hacer esto corremos un gran riesgo, sobre todo si no tenemos una mentalidad formada con un carácter fuerte: el dejar manipularnos. Si uno mete 200 personas a una sala de cine a ver una película, en realidad se van a ver 200 películas diferentes, pues cada persona tiene una perspectiva única. De la misma forma, una relación puede tener diferentes formas, dependiendo de cuántos ojos la miren. Es por ello que un problema sentimental puede volverse más grande si una o varias personas empiezan a meterse en los conflictos de una pareja. Aquí esto se ve reflejado con la intervención de los abogados de Nicole y Charlie, quienes se muestran como seres despreciables que son capaces de crear imágenes inverosímiles del contrario para ganar una disputa legal. Esto, a su vez, es un reflejo de lo que sucede en la vida cuando un matrimonio pelea por la custodia de sus hijos, incluso cuando los amigos de los afectados abogan por ellos para convencerlos de que la separación es el único camino que les conviene.
Marriage Story es una obra íntima que solo podrá ser apreciada en su totalidad por su autor, pues son sus vivencias las que alimentan la narrativa de esta película. No obstante, también nos comparte varias verdades universales sobre el amor y aquello que definitivamente no es amor. Es una experiencia larga, cansada y tediosa porque así suelen ser las separaciones, donde hay algún momento de genuina felicidad y de duda durante todo el proceso. Si hay algo que esta película nos enseña muy bien es que relacionarse con los demás conlleva una responsabilidad afectiva que es muy valiosa e indispensable para seguir. Es necesario preguntarse de vez en cuando si nosotros seguimos ahí porque realmente nos hace crecer o solamente porque no tenemos a donde más ir, o porque sentimos que nuestras metas no valen la pena y por lo mismo decidimos apostar por las metas del otro.
Quizá esta historia es demasiado particular como para conectar con todo tipo de público. Es un contexto estadounidense de pies a cabeza, cuyos protagonistas son individuos educados que durante su proceso de divorcio van descubriendo poco a poco que siempre se van a amar, aunque ya sea imposible para ellos el mantener una relación funcional. Cada divorcio debe ser una muerte sin cuerpo, pero una muerte con sus causas mortales particulares y definidas. No se explora la ruptura desde un punto de vista violento; no es la vida que vivió Baumbach y eso lo debe agradecer mucho. Es, a su vez, una historia que va avanzando a través de pequeños momentos que podrían ser (o no) significativos para el espectador, puesto que no corresponden a un proceso de separación con el que uno se pueda identificar fácilmente. Eso sí, Adam Driver y Scarlett Johansson entregan unas actuaciones espectaculares en donde es palpable ver la pesada carga que sus personajes llevan consigo y, sin embargo, deciden seguir adelante para encontrarse con un final que puede ser tanto esperanzador como devastador, dependiendo de cómo uno decida verlo.
Calificación personal: 8.6
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