
Muchos recordarán esta década moribunda como un momento en la historia donde la mítica franquicia creada por George Lucas resurgió y puso otra vez en las salas de cine toda la parafernalia que existe alrededor de la guerra de las galaxias, una saga que definió el concepto de space opera al establecer una identidad única para el cine de ciencia ficción. No se sabía en el 2015 si era necesario continuar con un legado que ya se sentía infinito, pero Disney apostó por darle continuidad una vez que se hizo con la propiedad de Lucasfilm. Cuatro años más tarde tenemos la respuesta a esa incógnita.
La nueva Star Wars es la historia de Rey (Daisy Ridley), una joven aprendiz de jedi de quien no se sabe nada. La incertidumbre sobre su pasado se convirtió un objeto de estudio, pues muchos fanáticos creyeron que Disney iba continuar con el legado de los Skywalker a través de la joven Rey. El viaje de la heorína se vio acompañado por otros personajes singulares como Finn (John Boyega), un storm trooper que desertó para unirse a la rebelión y Poe Dameron (Oscar Isaac) un prodigioso piloto cuyas habilidades y cinismo juvenil recuerdan al joven Luke Skywalker en aquella primera entrega de la guerra de las galaxias. Además, una buena historia necesita un buen villano y por eso se apostó por Kylo Ren (Adam Driver), quien es un joven descendiente de Darth Vader y decidió aceptar el lado oscuro en su vida para continuar con el legado de uno de los villanos más importantes de la historia del cine.
La última parte de esta nueva trilogía pretende retomar los mejores momentos de las primeras dos entregas y darle un justo final a todo lo que se especuló en dicho proceso. Desde el inicio se plantea una nueva situación: tras la muerte de Snoke, quien parecía ser el villano absoluto de la trilogía, se apostó por revivir a Palpatine, un viejo conocido que ha estado presente durante toda la saga, siendo el antagonista perfecto para una franquicia como esta: un ser malvado que está detrás de todos los conflictos políticos que afectan a la galaxia, un ente que está oculto en las sombras a quien dieron por muerto durante mucho tiempo. Entonces, el conflicto de esta última trilogía (y de toda la saga) tiene un propósito absoluto: el de terminar de una vez por todas con Palpatine, el villano más despiadado de todo el universo de Star Wars. El más grande de todos los Sith planea una ofensiva devastadora y a su vez emprende una cacería contra Rey, valiéndose de Kylo para llegar a ella. Sin embargo, Rey tiene a la fuerza y a toda la rebelión de su lado.
Como mero producto de entretenimiento esta película tiene mucho valor. El trabajo de J.J. Abrahams detrás de la cámara ha tenido el propósito de rendirle tributo a la obra original de George Lucas, así como el de proponer una historia que resulte refrescante para el público de hoy. Ciertamente Abrahams apela a muchos elementos ya presentes en películas anteriores para empezar a construir su visión. Durante muchas escenas, los personajes hacen uso de objetos y escenarios que salen en películas pasadas, incluyendo la narrativa misma contra Palpatine, que estuvo presente durante las dos anteriores trilogías. Star Wars vuelve a querer reinventarse siguiendo los mismos lineamientos que se desenvuelven a través de conceptos como el de la amistad, el valor y la aceptación de uno mismo. El personaje de Kylo Ren juega un papel muy importante en esto último, pues lleva consigo un conflicto interno que resulta una carga pesada en su toma de decisiones. Han existido quejas contra Kylo por este motivo, y es que su intento por evocar una figura pasada (Darth Vader) se ve frustrada en muchas ocasiones porque mientras Vader es un personaje que se fue formando gracias al enorme resentimiento que llevaba consigo, en Kylo se encuentra una dualidad entre el bien y el mal, donde él sabe que está dispuesto a dar su vida por la gente que ama, pero a la vez tiene una obligación interna de cumplir con lo que él considera su propósito de vida. Si hay algo muy valioso en The Rise of Skywalker es Kylo Ren. Me atrevo a afirmar que sus escenas son prácticamente lo mejor de la película y es caso irónico que su personaje se encamine hacia un sombrío descenso, a pesar de lo que el título sugiere (y que él, al ser hijo de Leia, también es un Skywalker).
Lamentablemente en esta película también nos encontramos con los momentos más fríos y chocantes de toda la trilogía. Creo que todo el error vino desde la planeación de las tres entregas, ya que se sienten ajenas entre sí. The Force Awakens representó un momento de frescura que ciertamente apostaba a jugar a lo seguro (seamos honestos: es un remake no declarado de la original Star Wars), pero en ella se hacían ciertos planteamientos sobre la protagonista y su rol en este universo. Con The Last Jedi, el personaje de Rey se volvió intrascendente, convirtiéndose en una de las protagonistas menos interesantes en una película. The Last Jedi provocó muchas controversias, pero Rey era la menor de las preocupaciones. The Rise of Skywalker nos da ciertas respuestas, pero Rey vuelve a jugar un papel bastante descafeinado, cuyos momentos más interesantes existen gracias a Kylo Ren y la relación amor-odio que existe entre ambos. Lo que suceda con Rey ya no es una incógnita que genere interés y es justo en esta película donde se revela todo sobre su pasado. ¿Sorprende? Un poco, quizá, pero se siente como un recurso que está puesto de manera conveniente. Asimismo, la adición de Palpatine es apresurada y forzada. Si vemos esta historia bajo la perspectiva de una narrativa convencional, Palpatine es un villano que funciona a la perfección: es completamente unidimensional y solo transmite maldad. Ese lado antagónico complejo que se estaba creando gracias al perfil de Kylo Ren fue desechado por completo, me imagino, porque en Disney vieron más practicidad apostar por la nostalgia funcional, en lugar de construir algo nuevo. Más allá de eso, hay una gran cantidad de escenas en la cual los personajes secundarios interactúan en momentos clave, pero dichos momentos son un relleno innecesario, puesto que tiempo después el mismo guión va desechando sus decisiones y conflictos. El final, si bien es fantástico en términos visuales y de entretenimiento, me parece demasiado conveniente (deus ex machina) y, una vez más, forzado con ganas.
Creo que esta es la trilogía menos interesante de todas y un momento en la historia de Star Wars que sería mejor olvidar. La historia no tuvo coherencia durante todo su desarrollo y las decisiones creativas que se tomaron, sobre todo durante The Last Jedi terminaron por arruinar lo que se estaba intentando construir. Lo peor es que The Rise of Skywalker intenta parchar todas esas carencias, pero se toma tanto tiempo haciendo lo propio, que olvida seguir desarrollando la historia, concluyendo la saga con recursos apresurados y poco convincentes.
Calificación personal: 4
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