1917

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Durante la década pasada se lanzaron muchas películas de guerra y la gran mayoría se trataron sobre la Segunda Guerra Mundial. Desde la crucial evacuación masiva en costas francesas (Dunkirk, 2017), pasando por los momentos críticos que sucedieron alrededor del desembarco en Normandía (Darkest Hour, 2017) o por uno de los inventos más importantes que ayudaron a la decodificación de mensajes de guerra (The Imitation Game, 2014), hasta las batallas más sangrientas que ocurrieron en territorio japonés (Hacksaw Ridge, 2016). Asimismo, Hollywood se encargó de recordarnos algunas hazañas y anécdotas controversiales de la milicia estadounidense en producciones como American Sniper (2014), Zero Dark Thirty (2012) y 13 Hours: The Secret Soldiers of Benghazi (2016). Sin embargo, sería hasta el final del decenio cuando aparecería la primera gran película que viniera a rendirle tributo a los héroes de la primera gran guerra que sacudió al mundo entero a principios del siglo XX.

En 1917 encontramos una historia bastante sencilla, pero interesante que parece ir evolucionando en tiempo real, lo cual ayuda a crear un ambiente absoluto de inmersión. Es una historia realizada por Sam Mendes, quien es un director consagrado, responsable de otras películas como American Beauty (1999), Road to Perdition (2002), Jarhead (2005) y sus intervenciones en la última saga de James Bond: Skyfall (2012) y Spectre (2015). Mendes, de indudables aptitudes en sus producciones donde sus películas se miran con una notable calidad audiovisual, decidió cerrar la década con su película más ambiciosa hasta el momento.

La historia de 1917 se centra en dos jóvenes soldados británicos que se encuentran en territorio francés y que llevan consigo una importante misión. Ellos son Will Schofield (George McKay) y Tom Blake (Dean-Charles Chapman) y son comandados por el General Erinmore (Colin Firth). Las fuerzas de inteligencia británicas han podido descifrar que los alemanes se dirigen hacia un territorio que está ocupado por el segundo batallón del regimiento Devonshire. El ejército alemán es considerablemente superior y tiene mejor artillería que el batallón británico. Lo peor es que el batallón de los aliados se encuentra muy lejos de los protagonistas. Dado que las líneas telefónicas fueron cortadas, el General Erinmore no tiene de otra más que mandar a Schofield y a Blake con el mensaje escrito para advertir sobre el posible ataque que los dejaría en una desventaja importante. Los protagonistas, acompañados de otro grupo de soldados, caminarán una extensa distancia y cruzarán tierra de nadie, a sabiendas que estarán en constante peligro y no sabrán qué o a quién se encontrarán en su travesía. 

A diferencia de producciones más tradicionales, Sam Mendes decidió contar esta historia a través de una experiencia sumamente inmersiva. Pasa que desde la primera toma de esta película, la cámara sigue a los protagonistas a través de un plano-secuencia que se mira infinito. La película de Mendes fue rodada a través de tomas de larga duración con cortes disimulados para crear la ilusión de que 1917 es una toma continua de dos horas que sigue a Schofield y a Blake como si se tratara de un acompañante más. Esto, si bien parece una limitación en el papel, fue una excelente oportunidad para Mendes, quien tenía el propósito de crear un espectáculo visual único que sirviera para retratar los momentos más escalofriantes de la guerra a través de una perspectiva de primera persona. Durante su viaje, los soldados deben enfrentarse a emboscadas de soldados enemigos, sobrevivir a bombardeos de aviones alemanes, así como infiltrarse en parajes sombríos con tal de no ser vistos y no poner en riesgo la misión. Hasta este punto, la película consigue regalar una experiencia sorprendente y que será suficiente para convencer al espectador promedio de que está viendo la mejor película que ha visto en mucho, mucho tiempo.

Ahora, como en muchas producciones de Mendes, 1917 es una película que sufre bastante porque la historia, a pesar de lo meticulosa que se ve a primera vista, en realidad es bastante floja. Considero que solamente hay dos películas de Mendes que alcanzan a ser sobresalientes: American Beauty y Skyfall. Sobre el resto, tenemos obras que se miran similares porque tienen un apartado técnico grandioso, con una fotografía maravillosa (y en este caso se puede decir lo mismo, principalmente porque el gran Roger Deakins es el DP), una edición que alcanza ritmos inspirados y una producción sonora matizada; sin embargo, no son muy buenas en contar una historia. En este caso, más allá del establecimiento del conflicto, no encontré en Schofield y Blake personajes complejos que tuvieran una química efectiva entre sí. Se agradece que Mendes prefiera darle sus papeles protagónicos a actores que, ante el coloso que es Hollywood, son prácticamente desconocidos en la industria. Me imagino que la intención es darle una sensación de mayor naturalidad a la propuesta, pero no pude evitar sentir una desconexión de mi hacia ambos personajes y entre los mismos personajes. La película por momentos avanza con una intensidad que promete extensas secuencias de batalla, pero en el guión se les dan salidas muy fáciles. Por otro lado, cuando no hay escenas de acción, la puesta se convierte en un recorrido bastante contemplativo donde los personajes caminan sobre lugares, a veces muy poco iluminados, donde no se siente que pase algo importante. Supongo que esto es un punto para el realismo, pero esto no le conviene a una película de esta naturaleza.

Durante gran parte de las escenas noté que el trabajo de realización y de fotografía era un tanto familiar a otras producciones en el pasado. En ciertos momentos parece que Mendes quiere homenajear a Kubrick y a su mítica película Paths of Glory (1957), sobre todo en escenas donde hay trincheras y soldados dialogando mientras caminan frente a la cámara. En algunas escenas que involucraban el uso de un gran espacio no pude evitar pensar en que había movimientos de cámara que se me hacían muy familiares a películas como Dunkirk (2017) e incluso Children of Men (2006), sobre todo cuando la cámara seguía las espaldas de los soldados y los acompañaba en distintos escenarios, dándole un tono semi-naturalista a la imagen. Si bien es interesante ver a un autor haciendo referencia a otros trabajos, me parece que en el caso de 1917, esto se queda un poco corto en comparación a las obras que recuerda.

1917 ha hecho mucho ruido en estos últimos tiempos y se ha posicionado de manera rápida como una gran favorita para llevarse los premios más importantes de la temporada. Si bien estoy de acuerdo en que es una película que funciona como un perfecto eye candy, dado que la calidad de su producción es indiscutible, me parece que la película se queda bastante corta en proponer una historia emotiva y con la suficiente fuerza narrativa para dejar un antecedente importante en el cine de guerra moderno. Me queda claro que será justo por el estilo que muchos reconocerán esta producción como lo mejor del año, aunque me pregunto si se hablará con la misma emoción sobre sus personajes y sobre su mensaje, si es que hay uno tangible que yo no pueda reconocer y cuya importancia sea digna de ser mencionada y estudiada.

Calificación personal: 7


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