
Empezaré este texto con una confesión: tengo un gran disgusto por las comedias románticas. El disgusto no es sinónimo de odio, pues se trata de una impresión que nace a partir de que se produce algo que no se ajusta a lo que uno desea. El cine de comedia romántica siempre me causó un gran disgusto porque me era muy difícil creer lo que veía en pantalla. Veo a los personajes y me dan la impresión de que están ahí para ser una parodia de un estereotipo (lo cual no necesariamente es malo, si se le da un tratamiento inteligente) y siguen una fórmula que ya es muy genérica donde en el conflicto central se da una situación que separa a los enamorados, pero al final siempre encuentran la manera de solucionar el problema, por más ridículo que sea, y todos son felices por siempre. Entiendo que a la gente le guste consumir este tipo de historias (aunque no tanto el que gusten por hacerlo repetidamente; quiero pensar que en algún momento se deben de cansar) pero nunca fue mi "copa de té".
De pronto llega esta película, Cindy la regia, con su reparto genérico de luminarias de Televisa, locaciones que, al menos en el avance, se me hacían sobre gastadas y reproduciendo este humor que raya en el clasismo, mismo que gracias a la diferencia cultural que existe entre el norte y el centro del país, tiende a ser más pronunciado. ¡Oh, no! exclamé, mientras daba por hecho que esto se iba a ir a Apuntes rápidos sin ninguna duda. Ahora me encuentro escribiendo esto mientras me rasco la cabeza. Llevo varias líneas y aún no me he atrevido a hablar de la película. Bueno, aquí vamos.
Cindy la regia es un personaje que nació en el internet y es propiedad del publicista Ricardo Cucamonga, un mexicano nacido en Monterrey que creó a Cindy allá por el 2005 mientras estudiaba la carrera de Mercadotecnia en el Tecnológico de Monterrey, la universidad privada más prestigiosa del país. Cindy fue concebida para servir como un estereotipo andante que reproducía las conductas más whitexicans que se hayan visto. Es el perfil de una niña privilegiada nacida en San Pedro Garza García, el municipio más rico de todo México, situado en una loma un tanto apartada del resto de la población de la ciudad de Monterrey. Cindy habla spanglish y sus temas de conversación no van más allá de lo mucho que ama ir de compras, su sentido de pertenencia hacia la cultura estadounidense, la moda y, por supuesto, casarse como máxima aspiración en su vida.
La película, escrita por María Hinojos y dirigida por la dupla conformada por Catalina Aguilar Mastretta y Santiago Limón, cumple con todas las expectativas de retratar con fidelidad la visión de Ricardo Cucamonga. Al inicio conocemos el contexto de Cindy (Cassandra Sánchez Navarro): su gran mansión en lo más alto de la loma de San Pedro y que cuenta con un bello patio trasero adornado con un hermoso jardín y estatuas. Es un palacio y Cindy es la princesa recluida que está esperando la llegada de su príncipe. Hablando del susodicho: Pepe (Carlos Gatica), cuya familia es inversionista de la empresa de la familia de Cindy, ha obtenido la aprobación de los padres de la princesa regiomontana para casarse con ella. Durante los primeros minutos de la película se realiza una fiesta familiar por el cumpleaños de Cindy en la que asisten amigos y conocidos. Todos saben que la finalidad es que Pepe le entregue el anillo de compromiso a Cindy. Claro, todos menos la misma Cindy, quien está muy ocupada presentándole al espectador (a través de una voz en off y freeze frames a lo Scorsese ¿sí sa'es cómo?) a todos los integrantes de su familia y también a sus amigos. Todo sale mal y Cindy pospone la boda, ya que el momento anhelado de la pedida de mano no es realmente como ella lo esperaba y decide escaparse a la Ciudad de México para poner su estabilidad emocional en orden y, de paso, visitar a su prima Angie (Regina Blandón). Lo que Cindy no espera es que la capital del país le trae muchos otros retos en donde ella se verá forzada a descubrir quién es ella en verdad y lo que quiere para su vida.
Hay muchas razones para ver a esta película como una dentro de muchas en el amplio (aunque genérico) espectro del cine mexicano comercial. Es una película producida por gente que ha hecho otros trabajos desafortunados como Mirreyes vs. Godínez (2019) y que seguramente se codean o son amigos de responsables de películas como ¿Qué culpa tiene el niño? (2016), No Manches Frida (2016), Hazlo como hombre (2017) o Tres Idiotas (2018). Todas, películas que están muy lejos de dejar un gran legado en el cine nacional. La película de Cindy la regia también cuenta con actores que han protagonizado producciones como las que mencioné unas líneas arriba y que contribuyen a un monopolio que cada vez se mira más obvio. El tono de la película tampoco está muy alejado de las demás producciones, pues también es una comedia romántica donde su personaje debe lidiar con un conflicto central y superarlo de manera eventual para llegar a ese final feliz que siempre ocurre. Bajo la mirada prejuiciosa que este cine tan nocivo nos ha obligado a desarrollar, Cindy la regia podría pasar como una producción mediocre como muchas otras. No es el caso.
Primero que nada, el personaje de Cindy, hueco y tonto por naturaleza, está escrito con mucha coherencia y en él se puede observar una evolución natural que en ningún momento se siente forzada. El conflicto de Cindy inicia cuando los cables en su cabeza hacen corto por primera vez en su vida y se da cuenta que la vida que lleva no es realmente de su agrado. De ahí, el personaje es colocado en el contexto de Angie, su prima, una mujer de clase media-baja que renta un departamento en una colonia que se presume popular y es trabajadora de oficina. El llevar a un personaje privilegiado a un contexto opuesto al suyo ya ha sido explorado en películas recientes como Nosotros los nobles (2013), pero mientras la película de Alazraki falla al humillar a sus protagonistas adinerados y llevarlos por un camino vergonzoso, a Cindy se le lleva de la mano a un lugar más honesto para su personaje: una editorial donde la jefa es Martha Debayle, quien se interpreta a sí misma y consigue retratar una parodia de su persona de una manera formidable. Este movimiento me parece más adecuado, pues no se trata de humillar al privilegiado para conseguir la satisfacción inmediata del público que no está en ese nivel socio económico, ya que este tipo de narrativas solamente dividen más a las personas. Suena mucho mejor una propuesta donde este personaje que ha pasado una vida en su burbuja pueda mostrar consciencia sobre sí misma y sobre su entorno.
Otro tema que me parece importante es el de la relación que la prima de Cindy tiene con otra mujer. Angie (Regina Blandón) es retratada como una mujer feminista e independiente que decide estar al margen de los roles de género y vive su vida sin prejuicios. Ella ha encontrado el amor en Roxana (Nicolasa Ortíz), una chica que trabaja como DJ y también le hace a la "godineada". El conflicto aquí es que el amor de ambas mujeres no se puede hacer público, ya que la familia de Rox es sumamente conservadora y podría separarlas. Aquí la película elige llevar a cabo esta sub trama de una manera paciente, pero nunca la ignora. A diferencia de otras producciones donde la comunidad LGBT+ parece cumplir más un rol de comedia complementaria, donde sus integrantes son exhibidos sin hacer ningún tipo de reflexión y hasta sirven para seguir reproduciendo estereotipos, en el caso de esta película la relación de Angie y Rox se siente natural, íntima y muy bella. Simplemente son dos mujeres que se aman y que se apoyan mientras apoyan a Cindy en su problema. Al final, la relación que entra en conflicto es la de las enamoradas y Cindy sirve como un hilo conductor para asegurar su bienestar. Es un giro fantástico y a Cindy se le da una imagen independiente en donde ella misma se da cuenta que ella es capaz de encontrar el amor al amarse a sí misma antes que alguien más.
Finalmente, es evidente que la producción de esta película tiene un gran nivel visual y cumplen en presentar una película que a pesar de apostar por una fórmula parecida a la que tiene la comedia romántica tradicional, es capaz de deconstruirse a sí misma para crear una propuesta más fresca y que no se remita a las clásicas burlas y humor estúpido para "visibilizar" un problema. Hay algunas escenas que se sienten con una esencia de cine de autor. Tomas en donde los personajes disfrutan el momento, sonrisas, emociones y reacciones que se sienten genuinas, y que son guiadas a través de una cámara que se da la libertad de moverse con soltura, dándose el lujo de dejar correr la toma en algunos momentos para apreciar un carácter humano que necesita mostrarse más en este cine tan diluido.
En conclusión, Cindy la regia no es una obra maestra ni va a cambiar la manera de ver y hacer cine en México. Es, afortunadamente, una película cumplidora que da un claro mensaje sobre cómo hay que hacer cine de comedia y esperemos que sea un buen primer paso para llegar a ese anhelado cine de calidad.
En conclusión, Cindy la regia no es una obra maestra ni va a cambiar la manera de ver y hacer cine en México. Es, afortunadamente, una película cumplidora que da un claro mensaje sobre cómo hay que hacer cine de comedia y esperemos que sea un buen primer paso para llegar a ese anhelado cine de calidad.
Calificación personal: 8
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