Obras maestras | Citizen Kane (1941)

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La obra maestra genera e impulsa nuevas formas de expresión, derriba barreras establecidas, inclusive, colabora en el desarrollo de nuevas formas de pensamiento, de una visión del mundo distinta [...]. Logra posicionarse, con los años, por encima de sí misma [..] y es la obra por sí sola quien consigue arrastrar a su creador, y al mismo tiempo lo vuelve un "fundador de discursividad".
-Juan Mireles, Ruiz-Healy Times, 2016 

Desde cientos de años en el pasado hasta el día de hoy, una numerosa cantidad de obras de todo tipo han visto la luz. Cualquier persona que haya invertido su tiempo en apreciar cualquier obra y después haya buscado una opinión ajena, en cualquier lugar, es posible se haya topado con la frase "obra maestra" en algún momento. Es una frase demasiado comprometedora y que debería ser tratada con más responsabilidad. Ahí está, presente, y en el siglo XXI es más común encontrarla en todo tipo de contenidos. Ahora, 1941 fue un gran año para utilizar esta frase cada vez que se tocara el tema de la gran ópera prima del cineasta Orson Welles.

Welles nació en 1915 en Wisconsin, Estados Unidos. Creció en una familia de clase media y desde siempre estuvo en contacto con el arte. Su infancia estuvo llena de música y en su adolescencia se interesó por el teatro. Welles realmente no tuvo contacto alguno con el cine hasta que la productora RKO Radio Pictures le ofreció un contrato de tres películas. RKO conocía a Welles, ya que él estaba trabajando en la radio para ese entonces y tuvieron fe ciega en su talento para producir una película que marcara un precedente en la naciente industria de Hollywood. Fue así como nació Citizen Kane, una película que marcaría al cine por el resto de la historia.

La película narra la historia de Charles Foster Kane, interpretado por el mismo Welles, quien es un magnate dueño de un importante periódico y cuyo poder es tan grande que hubiera podido convertirse en el presidente, de no ser por un incidente que ocurrió en su vida marital y que se hizo público. El filme empieza con una toma del castillo donde vive Kane. Es una toma sombría y cubierta de niebla que le da un aspecto gótico al plano. El nombre del lugar donde vive es Xanadú y es descrito como "el monumento más costoso que un hombre ha hecho para sí mismo". Más pronto que tarde nos enteramos que Kane ha muerto y que la última palabra que pronunció el poderoso hombre antes de morir fue "Rosebud". No pasa mucho después de su muerte cuando todos los noticieros empiezan a cubrir tan lamentable noticia. El nombre Rosebud empieza a circular por un impresionante número de tabloides y se empiezan a esparcir muchos rumores en torno a esta palabra. ¿Es el nombre de una amante? ¿Un amor platónico? ¿El sitio donde está oculto un tesoro escondido? ¿El nombre de una mascota que tuvo en su infancia? Este conflicto se vuelve un misterio y así permanece hasta el final de la película, donde su revelación también significó un momento icónico en el cine. Ese momento donde, a través de un detalle bastante sutil, se revela el misterio ante los ojos del mundo.

Citizen Kane es una recopilación de logros narrativos y visuales. Antes de que llegara Welles al cine, la gente de la industria tenía una fórmula bien establecida que funcionaba para todo tipo de creadores. El cine solía consumirse en tiempo presente (es decir, se da por entendido que lo que sucede en pantalla forma parte del contexto actual y no en algún punto del pasado) y la puesta en escena era muy sencilla. Si bien ya existían algunos movimientos de cámara dinámicos, la edición hacía todo el trabajo y no había un peso importante en el apartado visual. Era una época donde lo simbólico aún no era tan explorado, al menos no en el cine comercial. En Citizen Kane, Welles mata a su protagonista, prácticamente en la primera escena. Charles Kane ha muerto y no existirá más en el tiempo presente de la cinta. No obstante, lo seguiremos viendo en pantalla ¿Cómo? A través de los recuerdos. Es el personaje del periodista Jerry Thompson (William Alland) quien se encarga de "revivir" a Kane y mostrarlo en diferentes momentos de su vida, pues durante su travesía para descubrir el misterio detrás de Rosebud, Thompson entrevista a familiares y amigos del magnate fallecido. A través de esto, la vida de Kane va apareciendo poco a poco en la pantalla y se registra en su totalidad a través de los testimonios. Si bien el concepto del flashback ya había sido explorado antes por cineastas como D.W. Griffith (véase: After Many Years (1908), uno de sus primeros trabajos), me atrevo a decir que en Citizen Kane se le da por primera vez una importancia absoluta al recurso del salto en el tiempo, logrando definir de manera única la narrativa de la película y posicionando la obra de Welles por encima de todas en su momento.

Visto desde un punto de vista completamente narrativo, Citizen Kane fue una de las primeras historias de drama que utilizaron al cine para explorar el lado oscuro de la riqueza y el poder. Esta película funciona como un grandiosa tragedia que evoca los relatos clásicos sobre el hombre apasionado y codicioso que no conoce límites y termina arruinándose a sí mismo y a todo lo que lo rodea. Historias de esta naturaleza fueron exploradas a posteriori a través de otras obras como The Godfather (1971) de Francis Ford Coppola y es posible apreciar varios elementos heredados de Welles en este tipo de películas, incluso al día de hoy. Citizen Kane se consolidó como un manual de escritura y de estilo para futuros cineastas y hoy en día es una obra esencial para entender las bases que se necesitan para contar una historia de este tipo.

Además del concepto del flashback, la película de Welles fue una pionera de la innovación visual. No me atrevería a afirmar que Welles inventó el lenguaje cinematográfico, pero definitivamente le dio una forma definitiva. Welles se inventó una forma de narrar diferentes situaciones en un solo plano. Si antes los cineastas tenían que estar cortando continuamente para presentar una secuencia con diferentes significados, Welles optó por la profundidad de campo.

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En la toma que se aprecia arriba se puede ver a tres personajes discutiendo un asunto importante en una habitación, mientras en el fondo está un niño jugando en la nieve. Ese niño es Chales Kane de niño, quien ignora que su destino está siendo definido por los tres adultos de la habitación. Es una dualidad entre la inocencia y la pronta madurez a la que el joven Kane será forzado a desarrollar.

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Otro fantástico recurso que se puede apreciar en la película es el de la iluminación, que complementa el lenguaje visual que la obra de Kane presenta. Esto también sirvió como una base importante para el cine noir que se hizo presente en años posteriores gracias a cineastas como Alfred Hitchcok, quien supo explotar estos recursos para crear suspenso y hacer varias de las películas de misterio más importantes del siglo XX.

Citizen Kane, como toda obra transgresora y polémica en su tiempo, fue un éxito en taquilla, pero también fue duramente criticada por gente de la industria y por los espectadores de la época. De hecho, autores importantes de otras áreas como la literatura se tomaron muy en serio el analizar esta películas. Jorge Luis Borges, uno de los escritores del siglo XX más reconocidos calificó a la película como una obra de dos argumentos donde el primero es muy imbécil y el otro es genial. Incluso se atrevió a predecir que "Citizen Kane perdurará como perduran ciertos films de Griffith o de Pudovkin, cuyo valor histórico nadie niega, pero que nadie se resigna a rever. Adolece de gigantismo, de pedantería, de tedio." Otro autor que se tomó la molestia de ver la película fue el filósofo Jean Paul-Sartre, quien dijo de manera tajante que Citizen Kane no es cine (¿a alguien le suena familar esta afirmación?), ya que "la película está contada en un tiempo pasado, cuando todos sabemos que el cine debe contarse en tiempo presente. (...) El cine en pretérito es la antítesis del cine. Por lo tanto, Citizen Kane no es cine". En general, los críticos no se vieron convencidos por la película y Welles ya tenía problemas con su productora, desde antes del estreno. Por si fuera poco, Citizen Kane solamente ganó un premio de la Academia (mejor guión) y Welles tuvo muchos problemas para poder seguir haciendo películas en el futuro. El joven prodigio del cine estadounidense tuvo que ceder a que los estudios lo limitaran en ciertas áreas de la producción. Esto provocó que Welles no pudiera sacar una película que tan siquiera imitara la calidad de Citizen Kane durante más de diez años y poco a poco dejó de ser considerado como un realizador importante.

Afortunadamente, la película y el resto de la obra de Welles fueron aceptadas con el paso de los años. Hoy en día es difícil imaginar al cine sin esta película, ya que las propuestas que hizo, tanto en el apartado técnico como en el guión, fueron esenciales para reinventar al cine y han dejado uno de los más grandes legados en el séptimo arte. En el año 2002, la revista británica de cine reunió a críticos y realizadores de todo el mundo para realizar una votación por la mejor película de todos los tiempos. Citizen Kane fue la gran ganadora y desde entonces se ha hecho un mito en torno al estatus que ostenta en el presente. ¿Es una verdad indiscutible de que esta es la mejor obra que jamás se haya hecho en el séptimo arte? Sí y no. Definitivamente fue la mejor en su tiempo y es el mayor ejemplo de obra maestra incomprendida de la que se pueda tener registro gracias a las críticas que tuvo en su momento. Es evidente que Citizen Kane ayudó a darle una forma definida al cine estadounidense y mundial, pero el cine tiene que seguir avanzando y evolucionando. La obra de Welles es uno de los pilares, pero es natural y necesario que se vea superada por otras producciones que salieron en el futuro (y las que aún no salen). Lo que sí es un hecho es que la leyenda que se hizo en torno a la figura del joven Orson Welles y su magnum opus, ese prodigio al que todo le salió a la perfección en el primer intento, vivirá por siempre, al menos mientras el cine siga existiendo.


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