
Waves don't die. Let me crash here for the moment, I don't need to own it. No lie.
Kanye West, Waves, 'The Life of Pablo'. 2016.
Hace ya tres años un joven realizador estadounidense, Trey Edward Shults empezó a hacer ruido en la industria gracias a su obra It Comes at Night (2017), que si bien podría estar catalogada dentro del género del terror, más bien se mueve dentro de su propio contexto; uno más apacible y que produce ciertas reflexiones. Shults se hizo notar gracias a su impecable trabajo de la estética y el ritmo paciente con el que decide contar sus historias. Ahora llega Waves, una película de 2019 que ha dado de qué hablar, gracias al constante trabajo del realizador, quien ahora se sumerge por completo en la técnica para relatar un intenso relato que se abre hacia más de una lectura.
Primera parte - Las olas tempestuosas
Waves abre con una impresionante secuencia donde los personajes principales son presentados a través de escenas breves, pero muy intensas. El protagonista es Tyler Williams (Kelvin Harrison Jr.) un joven afroamericano de clase acomodada que estudia el bachillerato y practica lucha olímpica como parte de su formación como posible futuro deportista. Tyler es pareja de Alexis López (Alexa Demie), quien estudia en la misma escuela que él. Ella es inseparable de Tyler, ya que lo acompaña a todos lados y usualmente conviven con otros jóvenes en la playa. Ambos parecen tener una relación estable y prometedora.
La familia de Tyler, por otro lado, aparece un tanto distante desde su presentación en la película. El protagonista tiene una relación apegada con su padre, Ronald Williams (Sterling K. Brown), quien visiblemente es un ingeniero civil que trabaja en la construcción inmobiliaria y educa a su hijo con base en lo que se podría definir como la "cultura del esfuerzo". Ronald es un hombre ambicioso que le exige todo a Tyler, sin tomar en cuenta ciertos factores como la estabilidad emocional de su hijo, que pronto causará problemas. Tyler también tiene madre y tiene hermana: Catherine (Renée Elise Goldsberry) y Emily (Taylor Russell), pero no se sabe mucho de ellas, ya que no ocupan un lugar tan importante en la vida del joven protagonista, quien le es fiel a sus ideales masculinos y lo que él entiende como darse su lugar en el mundo como un "verdadero hombre". Ideal que pronto es destapado como un evidente machismo que va creciendo de forma exponencial y peligrosa.
La apuesta de Shults en esta primera parte de la cinta es la de darle una interesante exposición a la cultura juvenil que está compuesta por personas nacidas después del inicio del presente siglo y que apenas están empezando a descubrir un mundo lleno de conexiones digitales donde la inmediatez avanza a un ritmo repetitivo, pero fascinante. Tyler lleva a cabo sus conflictos a través de diferentes plataformas y son los dispositivos móviles los que nos muestran, a través de primeros planos, una ventana que sirve como el reflejo de la visión que Tyler tiene del mundo. Asimismo, estamos ante un sugestivo análisis sobre cómo se desarrollan ciertos problemas en la psique de jóvenes como el protagonista, quien a pesar de pertenecer a una clase privilegiada, no está exento de la violencia; misma que es promovida de manera indirecta por su propia familia, y que es su propio padre (un hombre consumado por el sistema patriarcal) quien lo motiva a cumplir con su rol de género por medio de exigencias académicas y deportivas. Es en este punto donde se coloca una bomba de tiempo que se presume imposible de desactivar, pues las conductas violentas del protagonista lo llevan a una situación que definirá su vida.
Shults es acertado en editar y sonorizar cada una de sus secuencias con planos y movimientos de cámara que rayan en el frenetismo y se entregan a la perspectiva tan volátil que Tyler tiene sobre la alienación. El director apuesta por un soundtrack vívido, vehemente, que coincide con el estado emocional de Tyler y, de alguna manera, sirven como una siniestra premonición sobre lo que viene después. Son esas olas tempestuosas que combinan con los relámpagos que anticipan puntualmente el temporal.
Segunda parte - Las olas tranquilas
Sobre la mitad de la película, la narrativa empieza a enfocarse en Emily Williams, la hermana de Tyler. Ha ocurrido una tempestad en la familia Williams y ahora la joven debe sobrellevar la terrible situación que tiene a sus seres queridos al borde de un punto de quiebre. Emily se muestra como una joven curiosa pero demasiado introvertida, a la que se le ha enseñado a callar y no manifestar sus ideas, a menos que sea estrictamente necesario. Ella está para Tyler en el momento más difícil del chico, quien muestra arrepentimiento por sus acciones violentas aunque no sea capaz de comprenderlo del todo. Pero nadie está para Emily; ni Tyler, ni sus padres, ni nadie. Ella vive el sufrimiento en silencio y de vez en cuando se pierde sin que nadie pregunte mucho por ella.
Emily conoce a Luke, un chico de tez blanca que un día choca con ella por accidente en los pasillos del bachillerato. El encuentro es breve, pero lo suficientemente significativo para el chico, quien se fija de inmediato en ella y pronto la invita a salir. La historia de Luke y Emily contrasta por completo con la historia de Tyler y Alexis. Mientras estos últimos viven un tórrido romance lleno de intensidad y de acciones irresponsables que desembocan en la violencia, la relación entre la joven Emily con su enamorado se retrata con paciencia, con sumo cuidado y a través de un canal de comunicación y comprensión donde se apoyan mutuamente. "Nunca había estado con alguien como tú" dice un Luke asombrado durante la primera cita, provocando en Emily una mirada de desencanto, como anticipando una declaración que conlleve cierto racismo entre las palabras. "Es que eres muy bonita y no suelo salir con chicas tan bonitas" concluye el chico mientras la mirada de Emily comienza a enternecerse.
Shults construye una hermosa analogía con las olas y cómo siempre regresan; siempre constantes, pero nunca de la misma forma. El guión de la película está hecho para hacer muchos paralelismos en torno a los protagonistas cuyas acciones definen caminos completamente opuestos, a pesar de partir en el mismo contexto. Si bien el escrito creado por el propio Shults entrega resultados un tanto dispares, que sufren un poco gracias al tratamiento tan agresivo que se le da a la historia en la realización, la apreciación de su propuesta no es para nada un desperdicio. Shults se encarga de moldear y delimitar una obra a través de elementos tan concretos como la iluminación y el uso de los colores en una fotografía tan saturada e hiperrealista que recuerda a la obra de otros autores como Barry Jenkins y su maravillosa Moonlight (2016). Otro elemento importante que es imposible de ignorar es el aspecto de la imagen, pues Schults lo modifica a su conveniencia para acotar la realidad de los personajes a través de la variación en los encuadres. Desde un punto de vista técnico, Waves es una master class de producción. Por otro lado, aunque existen argumentos que pueden jugar en contra de la historia de la película, la propuesta del guión logra sobresalir gracias al apasionante relato que el realizador expresa, en donde también se pueden hacer ciertas precisiones que tocan temas importantes como la masculinidad tóxica, la violencia de género, la culpa y la retrospectiva que nos da el poder de perdonar y seguir adelante, aún después del desastre.
Calificación personal: 8.6
Nota: esta película llegó a los cines de México en 2020; sin embargo, es una película del año pasado. Ya que esta obra fue muy significativa para mi, he tomado la decisión de incluirla en mi Top 20 del 2019, previamente publicado. Añadiré una nota de actualización a dicha publicación en cuanto le asigne a esta película el lugar correspondiente.
Comentarios
Publicar un comentario