
El cine es, sin duda, una herramienta poderosa que sirve para diversos propósitos. En tiempos recientes, muchos autores han utilizado al cine para transmitir mensajes que abordan temas como el cambio climático, las relaciones interpersonales de los millennial y los centennial, la tecnología, la exploración espacial y, por supuesto, la división de clases que existe gracias al neo capitalismo.
Sobre este último punto, es obvio que se han hecho muchas películas que tienen como mensaje principal el criticar el sistema económico que actualmente rige a todo el mundo. Mientras algunas obras transmiten esa crítica a través de sutiles símbolos, situaciones o personajes, otras lo han hecho de maneras sobre expositivas. Esto último suele ser muy arriesgado, ya que la película en cuestión puede terminar en una especie de auto parodia. Tal podría ser el caso de la última cinta de Jim Jarmusch, The Dead Don't Die (2019), que es una película que sigue esta ideología woke para emitir un mensaje a través de actuaciones sumamente contenidas y diálogos too-on-the-nose. Por otro lado, el tema de la división de clases fue retratado de manera magistral por Bong Joon-ho y su ganadora del Oscar a mejor película, Parasite (2019). Parece que en los últimos tiempos se está apostando por seguir produciendo este tipo de críticas en las distintas ramificaciones del cine. En este caso, El hoyo (2019), producción española, no quiere quedarse atrás.
El hoyo es una película de terror y ciencia ficción dirigida por Galder Gastelu-Urrutia. En su universo, Gastelu-Urrutia crea una realidad donde existe una prisión de máxima seguridad que está construida en forma de torre. En cada piso vive un prisionero y en el suelo de cada nivel hay un vacío rectangular (un hoyo, vaya) por el cual se traslada una mesa flotante. En el piso más alto habita el grupo de personas que son la autoridad de esta cárcel; se hacen llamar "La administración" y todos los días colocan en la mesa flotante un extenso banquete de comida que sirve para alimentar a los prisioneros. La mesa se detiene en cada nivel durante un tiempo determinado y luego sigue con su camino. Cada prisionero tiene la libertad de comer todo lo que pueda, aunque La administración les indica que la comida es apenas suficiente para todos los reos. Se supone que la torre tiene cerca de 200 pisos y, por lo tanto, aquél prisionero que habite el último piso recibirá lo último que quede del banquete. Por supuesto que esta repartición "equitativa" no funciona, ya que los prisioneros que están en los primeros niveles (los privilegiados) aprovechan que tienen el banquete completo para consumir la mejor comida y la mayor cantidad de ésta. Esto lo saben Goreng (Ivan Massagué) y su compañero Trimagasi (Zorion Eguileor), quienes habitan en los pisos intermedios. Pronto, ellos empiezan a comunicarse con otros reos y nuevos personajes se unen a la historia. No tardan en decidir que el "sistema" de la prisión que los rige está mal y que deben cambiarlo. Entonces, los personajes se involucran en una serie de situaciones que los lleva a un final tan enigmático como frustrante.
El hoyo es una evidente crítica al sistema capitalista de nuestros tiempos. La actual división de clases donde los privilegiados siempre van a ser privilegiados y la ilusión que la naturaleza del mismo sistema crea en las clases pobres, haciéndoles creer que tienen grandes probabilidades de volverse privilegiados si se entregan al sistema y viven con el propósito de generar el suficiente capital que los saque de su situación precaria. Esta mentira se ve expuesta gracias al recurso de la mesa que representa la distribución de la riqueza y cómo, si bien en ciertos lapsos los reos son cambiados de nivel aleatoriamente para probar su suerte, al final siguen siendo unos esclavos desdichados que nunca podrán asegurarse de un privilegio que no se acabe nunca. También, es posible ver cómo cada personaje que interactúa con el protagonista representa un estereotipo que está presente en la sociedad moderna. Trimagasi lleva consigo un cuchillo que da a entender que es capaz de traicionar si las condiciones se ponen a su favor, de la misma manera que los hombres de negocios cuasi mafiosos actúan una vez que el capital de su empresa se ve comprometido. También está un personaje vegetariano y ambientalista que rechaza abiertamente la cultura culinaria de La administración y que tiene el firme propósito de cambiar ese sistema. Hay otro personaje que ha conseguido escalar varios niveles (la meritocracia) para conseguir más comida, pero él no es tan egoísta como los privilegiados y está dispuesto recompensar a todo aquel que lo ayude. El protagonista, por su parte, es ese individuo que está dispuesto a luchar por un bien común colectivo y propone "enviar un mensaje" a La administración, una vez que se desarrolla el conflicto principal de la cinta.
La película tiene sus momentos. Es una obra que tiene elementos de ciencia ficción vistosos y el concepto en general es muy interesante. Muchos espectadores que ya han visto la película piensan que es una experiencia fascinante, pero confusa. Y no tienen la culpa, ya que uno de los temas que más se ha discutido sobre la película es su final. Si se toman en cuenta todos los símbolos que existen en la obra de Gastelu-Urrutia, es fácil descifrar el mensaje que está detrás del último acto de la película. Uno que, al igual que el resto de la obra, puede pecar de ser demasiado obvio y anti climático. A eso le podemos sumar varios desperfectos más: diálogos que a veces son muy expositivos, simbolismo que se siente metido con calzador y en general esta película se siente poco original. Hablando de Parasite, el mismo Bong Joon-ho ya había hecho una película como esta, Snowpiercer (2013) en donde se expone el mismo concepto, pero con vagones de tren. También hay otras películas como High Rise (2015) que han utilizado el concepto de la torre para dividir a las clases sociales del mundo. En este aspecto, El hoyo no se siente como una película que pueda ofrecer algo que ya se haya visto con anterioridad en el género de la ciencia ficción y el anti capitalismo.
En conclusión, El hoyo es una buena opción de entretenimiento y, quizás, un lleva consigo un interesante acertijo que podrá ser de utilidad para que el público que no sea familiar a este tipo de historias pueda buscar películas similares. Es una película bien producida con un concepto interesante que no llega tan lejos como se lo propone desde su premisa, pero que desquita todo el gasto de producción y entretiene lo suficiente. Asimismo, el ambiente tan encerrado y claustrofóbico que tiene esta película combina muy bien en estos tiempos de distanciamiento social.
Calificación personal: 6
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