Ema

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Ema es el octavo largometraje del realizador chileno Pablo Larraín. Tal y como su título lo indica, la historia de esta película se concentra en su protagonista femenino: una mujer llamada Ema que está pasando por un momento crucial en su vida.

El cine de Larraín se ha caracterizado por dar mucho de qué hablar. Por lo menos en el plano internacional, el director chileno se ha logrado consolidar en un puesto importante de la industria gracias a su excelente habilidad para contar historias. Su primer largometraje importante fue No (2012) una historia que se centra en los últimos momentos de la dictadura de Augusto Pinochet. Poco después, supimos del director gracias a El club (2015) una película pequeña de una sola locación en donde un grupo de religiosos pederastas se exilian en una casa alejada del resto del mundo. También se vio una parte importante de la vida del famoso poeta Pablo Neruda gracias a Larraín, cuando en 2016 llegó Neruda a los cines. En ese mismo año, Larraín haría su debut en Hollywood gracias a Jackie (2016), una película que relata el infame asesinato del presidente John F. Kennedy en 1963, visto desde la perspectiva de la entonces primera dama del país, Jacqueline Kennedy. Tras esta breve semblanza, se puede concluir que Larraín es un autor que gusta por relatar fragmentos de la historia a través del cine. En el caso de Ema, estamos ante algo diferente.

La historia del nuevo filme del director trata acerca de Ema (Mariana Di Girolamo) y Gastón (Gael García Bernal). Ema es una bailarina y Gastón es su coreógrafo. Ambos se enamoraron y decidieron vivir juntos como pareja. Al poco tiempo adoptaron a un niño, pero las cosas salieron muy mal entre la pareja y tuvieron que renunciar a la custodia del infante tras un escándalo que se hizo público. La película toca ese tema, pero se concentra en registrar los eventos posteriores al incidente y cómo ambos personajes tienen que lidiar con la culpa. 

Larraín no duda en darle mayor importancia a Ema, un personaje construido con el mínimo detalle y que atrae con mucha facilidad. Ema es un personaje extravagante, caótico, hipnótico, bello, impredecible. Sus emociones son expresadas a través del baile y ella se desenvuelve a través de muchas coreografías que son presentadas en distintas escenas de la película. Dichas coreografías, simbólicas y llenas de fuerza, son capaces de cautivar en distintos niveles. Son, asimismo, un reflejo de los tormentos que ocurren en la cabeza de su protagonista; una liberación de culpa y una declaración de libertad. Por otro lado, Gastón es un personaje opuesto que se encierra en sí mismo y solo encuentra el desahogo en la violencia. Ema, la película, se presenta inicialmente como un drama familiar del que se espera una generosa cantidad de conflictos difíciles de resolver, pero en realidad es un exhaustivo estudio de personajes que son llevados al límite y deben evolucionar. No solo el tema es fascinante por sí solo, sino la ejecución del mismo es magistral. La narrativa que gira en torno a Ema la hace ver como un personaje caótico, inestable y hasta psicótico que puede resultar chocante a ratos (y esto puede ser la diferencia para el espectador entre amar u odiar la película). A simple vista, Ema es esa mujer en llamas. Una vez que toma distancia de Gastón no se la piensa dos veces para llevar a cabo su catarsis en plena libertad corporal (que se traduce a través del baile y también de varias experiencias sexuales) y en su camino se encuentra con varios personajes que van a darle una forma definida a su propósito final. Es justo de este propósito del que Ema se justifica para llevar a cabo sus acciones y los escritores de la película, en conjunto con el resto de la producción, resuelven muy bien la historia que, al igual que su protagonista, toma un giro impredecible.

Es importante señalar que esta película es, además, un deleite visual. Tal y como se mencionó antes, hay muchas escenas de baile que son esenciales para el personaje protagónico. Dichas escenas son magistrales y Larraín toma la música urbana y el reggaetón como géneros principales para musicalizar su película. Entonces, tenemos la posibilidad de apreciar una serie de coreografías ejecutadas con precisión y que transmiten una gran belleza a través de lo estético. Esto último es pulido gracias al prodigioso trabajo de cámara que permite matizar y darle más de un significado al lenguaje corporal de Ema y su séquito de bailarinas que la acompañan y la entienden. El apartado técnico y el estilo de esta película recuerdan a otros trabajos de contemporáneos de Larraín como Gaspar Noé y su estridente Clímax (2018) o el cine de Nicolas Winding Refn, que es un poco más críptico y tiene una fuerte carga de simbolismo.

Ema es una película diferente y difícil de catalogar. Una explosión que parece incontrolable y que termina siendo bastante satisfactoria. En el cine de Larraín, este trabajo se siente como un punto de transición narrativo y estético. Atrás quedó el Larraín que hacía cine intimista, trabajando con un aspecto de imagen cerrado y una paleta de colores fría que le daban una estética vieja a la imagen. Ema es más grande, partiendo desde la imagen y también lo es en significado. Es un cuento extraño y ominoso en el cual Ema es un incendio que no se puede extinguir, pues lleva consigo los gritos de lucha del espíritu femenino que ha llegado para darle un nuevo orden al mundo.

Calificación personal: 9



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