Obras maestras | A Clockwork Orange (1971)

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Uno de los más grandes referentes del cine estadounidense y mundial es Stanley Kubrick. Un director de cine que realizó una docena de películas a lo largo de su carrera y cuyo talento le alcanzó para posicionarse como uno de los cineastas más importantes de la historia. Entre tantos títulos tenemos uno que fue estrenado en el año de 1971: A Clockwork Orange, una adaptación de la novela homónima escrita por el autor Anthony Burgess en 1962, quien retrató una realidad distópica ubicada en el Reino Unido. Si bien las versiones de ambos convergen en varios puntos, se sabe que Kubrick no solía respetar la visión original y terminaba construyendo su propia visión sobre la historia. Este tipo de decisiones llevaron al cineasta a tener conflictos con autores como Stephen King, pero esa es otra historia. Lo que se puede concluir para bien es que tal decisión le ha permitido a Kubrick el darle a escoger al público una versión que se sienta independiente y en la mayoría de los casos, este público le ha dado la preferencia al director, lo que ha significado un estatus importante.

A Clockwork Orange es considerada como una de las mejores películas de la historia. Al menos así lo registran algunas bases de datos como Letterboxd o IMDb, que incluyen a esta película en su top histórico. También es muy común conocer gente de la vida real que, además de declararse aficionados al séptimo arte, también señalan esta obra en particular como una de sus favoritas. Que si por el mismo nombre del director, que si por la naturaleza tan violenta y cruda que tiene el filme, que si por todo el morbo que se ha creado alrededor de la obra (fue censurada en muchos países, incluyendo el mismo Reino Unido, durante muchos años). Lo cierto es que existe una enorme fascinación por parte de la comunidad cinéfila hacia este largometraje en particular y es natural preguntarse en algún momento ¿Realmente es A Clockwork Orange de Stanley Kubrick una de las mejores cintas del séptimo arte? La respuesta, por supuesto, es sí.


1.
La ultra violencia: un glamuroso tratamiento del psicópata

A Clockwork Orange inicia con un primer plano de Alex DeLarge (Malcolm McDowell) un joven criminal con rasgos de psicopatía. Él y su grupo de amigos, a quienes denomina "drugos" (palabra perteneciente a un slang ficticio llamado Nasdat creado por Burgess y replicado por Kubrick) se encuentran en un bar llamado Moloko Vellocet donde se juntan para beber leche. En esta primera escena se puede apreciar un diseño de producción y de vestuario que evoca una sensación futurista. En el lugar se pueden apreciar mesas formadas por maniquíes desnudos y en ellos se puede apreciar una cierta sensación de vacío e inquietud. Un símbolo que, de alguna manera, expresa la plasticidad y lo insignificante de la realidad. Alex y sus drugos se levantan y recorren el poblado para cometer actos delictivos y violentos. Se pelean con una banda rival y visitan la mansión del escritor F. Alexander (Patrick Macgee). Una vez adentro, golpean al escritor hasta dejarlo inconsciente y violan a su esposa Mary (Adrienne Corri) mientras el joven protagonista canta la canción de Singin' in the Rain. Los chicos continúan con su frenesí lleno de ultra violencia (término acuñado por el mismo Alex), pero son descubiertos cuando invaden la casa de una señora rica que presume ser adoradora de los gatos. Se descubre que Alex fue traicionado por sus drugos, quienes ya estaban cansados del abuso de poder y maltrado que su líder ejercía sobre ellos y el protagonista es encerrado en prisión bajo una sentencia de catorce años.

A partir de este momento, se puede observar en Alex una interesante evolución de personaje que lo llevará a definir su destino y acercará a la película hacia un final que le hará justicia al tono tan crudo y satírico que se propone durante toda su duración. Lo fascinante del caso Alex DeLarge y, me imagino, una de las razones por la cual este personaje ha trascendido en el tiempo, es que se trata de un anti héroe con un tratamiento especial que no se había visto en la pantalla grande en aquel tiempo. Alex es un personaje lleno de glamour, clase y que externa comportamientos psicópatas que rayan en lo teatral. Sigue el perfil clásico de un psicópata que no muestra sentimientos y trata a todas las personas a su alrededor como peones que están ahí para cumplir con sus deseos, aunque tiene una personalidad inigualable que es realizada de forma magistral por Malcolm McDowell. DeLarge también se caracteriza por su atuendo: un conjunto blanco compuesto por camisa y pantalón de vestir blancos, botas y sombrero de color negro y un bastón de madera. La cereza en el pastel: un protector de cricket que cubre la zona de sus genitales. Este atuendo, si bien extravagante y extraño para un atuendo casual, representa una sátira de la clase alta de la época. DeLarge, entonces, encarna la violenta opresión que la burguesía ha ejercido sobre el obrero, pero esta vez el ataque va dirigido hacia personajes que pertenecen a dicho círculo privilegiado. Y es que, si bien Alex es retratado como un chico de familia, hasta cierto punto ostentosa (cosa que se refleja en los mismos gustos de Alex, como la música de Beethoven), él parece estar consciente de que existe una clase por encima de él. Entonces, Alex y sus drugos se convierten en esos individuos que aparentan un estatus que no tienen, a través de sus atuendos, para atacar al mismo círculo que quieren imitar.

Bajo esta lectura, A Clockwork Orange se puede apreciar como un cuento que satiriza las clases sociales, sobre todo las privilegiadas. Dichas clases, que han provocado una serie de infortunios en el mundo (y que no son mencionados), han de recibir una especie de "castigo" en forma de violencia atroz y desmedida por parte del mismísimo agente del caos. Un psicópata al que pronto deben intentar contener y condicionar para que deje de alterar el orden.

2.
El tratamiendo Ludovico y la gran mentira

Quizás, el punto central de la película es el infame tratamiento ludovico que se le impone a Alex DeLarge durante su estancia en la penitenciaría. El joven accede a ser sujeto a experimentación psiquiátrica y neurológica con el fin de reducir su tiempo en prisión. Se ve sometido a ver imágenes sumamente violentas sin posibilidad de cerrar los ojos, gracias a unos ganchos que mantienen sus párpados abiertos. Pronto, Alex es condicionado para no incurrir en actos violentos, ni siquiera para tocar a una mujer desnuda. Si bien parece que Alex es "curado" y re insertado en la sociedad, pronto se sabe que todo esto es una mentira. Otra crítica hacia aquellos que controlan el mundo.

En la película, Alex eventualmente sucumbe ante sus impulsos. En un inicio es condicionado para sufrir un "ataque" en cuanto escuchara la novena sinfonía de Beethoven y en cierta escena, su sufrimiento es tal, que intenta cometer suicidio. La perspectiva que Kubrick tiene sobre esta situación es bastante sombría, ya que encamina a su protagonista hacia un límite que va más allá de lo humano; lo pone en una situación aparentemente "normal" y aceptada por la sociedad (la cultura de la supresión de los transtornos mentales con medicación y su eventual tratamiento "efectivo") que, irónicamente, acaba por destrozarlo como si se tratara de una analogía en donde el sistema es un ente tan poderoso, que ni el malvado más caótico puede contra éste. Un aspecto muy curioso de esta película (y de muchas otras películas de Kubrick) es la dirección de actores. Kubrick dirige a sus actores de una manera específica en la cual, éstos trabajan en una personalidad un tanto contenida, pero enérgica. Los personajes del universo de Kubrick se sienten, hasta cierto punto, mecanizados. Como si no tuvieran un alma. Esto está muy presente en A Clockwork Orange que es una película donde todos sus personajes aparentan una sanidad mental funcional, pero completamente falta de carácter humano. 

Al final, el tratamiento Ludovico resulta ser una completa mentira. Un artilugio de control mental hecho por la élite con el fin de contener a sus ciudadanos. Esto se puede ver como una representación de la realidad (al menos esa realidad que concierne a los ingleses), pero que también está presente en muchas partes del mundo.


3.
El poder de la composición

Por supuesto que cualquier película de Kubrick está incompleta sin un digno trabajo visual que pueda transmitir todas esas ideas propuestas por el realizador a través de las imágenes. Kubrick era fotógrafo antes de convertirse en un director y se sabe que le dedicaba un tiempo considerable de planificación a todas sus escenas. Prácticamente cada plano está construido a detalle por el director y A Clockwork Orange es un deleite visual en este aspecto.

Rescatemos los conceptos de las dominación de clases, misma que hace un paralelismo con Alex y la forma en que éste domina a sus drugos. Si tomamos como referente el sistema piramidal en el cual se reparten las jerarquías, podremos notar como A Clockwork Orange es en realidad, una pirámide hecha película.

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Hay una generosa cantidad de planos compuestos bajo esta perspectiva. Kubrick juega muy bien con la profundidad de campo y es posible apreciar el uso de lentes de gran angular en las cámaras que se usaron para filmar la película. Estos lentes, al extender la imagen, ayudan a enfatizar esta distribución de pirámide que está hecha para remarcar el lugar que tienen los personajes en cierta situación. En el plano de arriba, justo durante la escena del tratamiento ludovico, se puede apreciar a Alex siendo tratado por un doctor. Ellos están en la parte más baja de la pirámide (cercanos a la cámara) y son justamente ellos los responsables de la acción que sucede en la escena, así como los individuos que están en la parte baja de la pirámide social son los responsables directos de lo que ocurre en el funcionamiento de esa sociedad. Arriba en la toma están el resto de médicos y las autoridades de la penitenciaría, observando el experimento que es conducido. Están en la parte alta de la pirámide, pues ellos están en una posición de poder sobre la situación que ocurre en la sala.

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En la primera pelea que ocurre en la película, los personajes luchan en un espacio abierto (un teatro abandonado) que es resguardado por un techo en forma de pirámide. Se pueden apreciar los triángulos en el fondo y los personajes, en la parte baja de la pirámide luchan por un poco de poder. Cuando DeLarge y compañía triunfan, éstos se suben al escenario, que es el lugar donde estaba la banda rival. Han escalado un nivel de la pirámide y han conseguido un poco de poder. Lo arrebataron a través de la violencia. 

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Hay muchos ejemplos más (¿ya vieron que hay un triángulo en el póster de la película?), pero pondré un tercer y último ejemplo que me pareció muy interesante: cuando llega la infame escena de singin' in the rain, Kubrick introduce la escena con un pequeño travelling que inicia con el escritor y recorre su pequeña mansión. Cuando su esposa responde el sonido del timbre, debe de subir una serie de escaleras puestas de forma piramidal para llegar a la puerta y contestar el llamado. El escritor, al estar en la parte baja, podría llegar a ser considerado como un personaje benevolente que no comparte los ideales de la clase alta. Tras ser violentado y victimado es fácil mostrar cierta empatía por su situación y reforzar la idea de que él no es un personaje antagónico. 

A Clockwork Orange es una película artesanal hecha con lujo de detalle. No sorprende que todos los entusiastas que estudian cine se encuentren con esta película, ya sea por cultura general o porque los mismos docentes lo requieren. El cine de Kubrick es uno de los más emblemáticos por una buena razón y es posible encontrar un fuerte mensaje en cada una de sus películas. Kubrick era un cineasta que parecía querer explotar lo peor de la humanidad y mostrarlo con lujo de cinismo. Esta película es un gran ejemplo de ello, pero no es un compendio de violencia brutal y gratuita; detrás de todo eso se esconde una gran crítica al sistema económico y social que, de acuerdo con los autores de la época (Burgess y el mismo Kubrick), la perpetuidad del mismo provocaría un deterioro alarmante que, sin duda alguna, combinaría a la perfección con la realidad distópica de A Clockwork Orange. Una realidad llena de personas, aparentemente tan orgánicas como una naranja, pero que por dentro llevan un alma tan vacía, tan grisácea y tan sucia, como los engranes que la echan a andar.




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