The Velocipastor



¡La vi! ¡Por fin la vi!

Nunca creí que tendría la oportunidad de ver esta inigualable obra de arte, una joya cinematográfica que ha encontrado la manera de ir más allá de los límites y de proponer algo que nunca jamás se ha visto en toda la historia del séptimo arte. Estamos viviendo en tiempos extraños, neuróticos, surreales, escalofriantes. Ante la incertidumbre, necesitamos un poco de fé; algo con lo que nos podamos apegar para salir adelante, para soportar el terrible sufrimiento que significa ser un ser humano que respira oxígeno y descifra signos lingüísticos en pleno siglo XXI.

Brendan Steere encontró la respuesta. ¡Claro que fue él! ¡Si no podía ser alguien más que el mismísimo Brendan Steere! Legendario, pionero, el Orson Welles del nuevo milenio. Steere es un hombre, sin duda alguna. También es una persona física que seguramente paga sus impuestos y tiene una familia. Una familia de personas, y él seguramente las quiere. Porque Steere es un ser humano, pero también es uno que siente. Y él siente muchas cosas. También piensa. De hecho, él ha pensado cosas que poca gente se atreve a pensar. Porque él es un pensador.

El joven realizador estadounidense, de quien poco se sabe, se hizo viral hace algunos años cuando hizo el trailer de The Velocipastor como un proyecto escolar. Lo que no sabía el joven cineasta, quien en sus tiempos libres se dedica a ser un crack, un máquina, fiera, jefe, tifón, número 1, figura, monstruo, toro, furia, ciclón, tornado, artista, fenómeno, semi dios, ídolo, genio, búfalo, bestia, animal, coloso, hacha, campeón, pieza, vikingo, gigante, muralla, pilar, hacker, lince, tsunami, volcán, maremoto y titán, es que su proyecto escolar sería la pieza clave para la próxima gran revolución del cine. Sin duda, estamos hablando de un momento en la historia que definitivamente entrará en los grandes libros.

Lean con detenimiento, porque van a creer que la vista les está tendiendo una trampa y van a pensar que están leyendo mal esta parte del texto, pero no es así. Aquí va: la trama de esta película cuenta la historia de Doug (Greg Cohen), un joven cura que de repente pierde a sus padres. Para sobrellevar el duelo, Doug se va de viaje a China y es ahí cuando obtiene unos extraños super poderes. Así es, el joven Doug ha adquirido la habilidad de transformarse en un dinosaurio, específicamente en un velociraptor. El joven Doug se siente aterrorizado ante el nuevo don que la vida le ha dado, pero en su camino se encuentra a una mujer, Carol, quien es una joven prostituta que lo convence de utilizar sus poderes para combatir el crimen. Y ninjas.

Uno esperaría que ante una historia tan intimidante y ambiciosa como esa, ningún cineasta tomaría el riesgo de llevar el guión a la pantalla grande. El cine nos ha enseñado que hay historias que son tan complicadas y trascendentales, que están muy lejos de nuestro entendimiento. Le pasó a Jorodowsky cuando quiso filmar Dune en 1971. le pasó a Jerry Lewis cuando quiso filmar The Day The Clown Cried un año después y le ha pasado a otros cineastas importantes a lo largo de la historia. Definitivamente Brendan Steere no es uno de ellos y, precisamente, eso es lo que lo por encima de todos los demás. Pasa que la destreza técnica del director no conoce límites e incluso se permite innovar con ciertos recursos nunca antes vistos. Esto se puede ver desde la primera escena, cuando el personaje de Doug sale de la iglesia para saludar a sus padres. El coche que está a lado de sus progenitores estalla y Doug se queda paralizado de miedo. Es aquí cuando se puede saber la clase de prodigio que es Steere, ya que en lugar de entregarse a ese espectáculo de gore barato al que tanto nos tiene acostumbrado el cine comercial, Steere decide omitir por completo esa parte, sustituyendo el plano de la explosión por otro donde simplemente se muestra el lugar donde tendría que estar el coche, pero no hay coche. En su lugar, Steere inserta digitalmente el siguiente señalamiento: VFX: Car on fire. ¡Maravilloso! Es, sin duda, un statement dirigido hacia la violencia en la industria del cine. Es una jugada impresionante, un discurso que desafía por completo los cánones del cine comercial y propone una visión posmoderna que desafía, no solo al concepto de la violencia, sino de la existencia misma. Los padres del joven Doug aparecen durante un instante y de pronto ya no están. Tal y como nosotros en nuestro breve paso por esta realidad tan aterradora.

Del resto de la historia no hablaré mucho, porque estaría privando a mis lectores de experimentar lo que puede ser el evento cinematográfico más importante de la historia. The Velocipastor no es una obra fácil de entender y puede ser intimidante por momentos, pero una vez que desciframos el acertijo que Steere nos muestra con esta obra, seremos capaces de adquirir una perspectiva de la vida que ignorábamos y jamás hubiésemos podido ver, de no ser por esta importante obra de arte. Todo en esta película es tan imperfecto y descuidado, que descubre un nuevo nivel de perfección que nunca antes se había visto. Es el equivalente fílmico a los field recordings de algunos artistas musicales, cuya experimentación con las posibilidades del sonido y los dispositivos de grabación han permitido encontrar nuevas formas musicales. Lo mismo sucede con Steere y su decisión por omitir cualquier efecto especial en esta película. Es más, el tipo es tan ambicioso que ha llegado a la conclusión de que no es necesario contar con un equipo de producción, ni con un director de fotografía. Solo es él y su cámara, su lente desnudo que es capaz de trasladar las abstracciones fantásticas a un espacio tan real y tan natural, que es imposible no sentirse conmovido ante tal acto de avant garde puro.

Esta película me ha abierto los ojos. Me ha hecho saber que todo este tiempo estuve equivocado en cuanto a mis impresiones sobre el cine. Todo en lo que alguna vez creí es una mentira. Brendan Seere me ha enseñado que todos mis ídolos son falsos. Su película es la antítesis maestra del cine. El anticristo del séptimo arte. The Velocipastor se ha convertido en la muerte, en la destructora del mundo del celuloide y ha venido a reclamar un trono construido con los trozos de los DVDs de los falsos dioses. De los Nolans, los Tarantinos y los Scorseses. Los Bergmans, los Tarkovskys y los Kubricks. The Velocipastor es lo mejor que he visto en toda mi vida.

Es mucho mejor que esto:

The True Stories Behind 'The Godfather' - Biography

Y que esto:

Bicycle Thieves (1948) | T100P

Que esto:

Why is Seven Samurai so good? - BBC Culture

Esto también:

Why 2001: A Space Odyssey remains a mystery - BBC Culture


Mientras todas esas películas inferiores siguen una estructura determinada y se ponen limitaciones, la obra de Steere me ha recordado que el arte no conoce los límites. Ni la cinematografía, ni la arquitectura, ni la danza, ni la música, ni la literatura. Es más, voy a seguir el ejemplo de Steere de ahora en adelante. No tengo por qué respetar sintaxis, reglas ortográficas ni redacción,,, que se xoda el estilo y laz vuenas i correktaz kostunvrez descrivir vien jaja jajjaja mientras yome pueda darantender a kien le inporta no ma steer eresun dios

un dios

lo he visto todo

yanadaimportamas

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puedo aser lokesemeantoje

este es mi vvvlog

mi discurso

kien eres tu


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                              a  i    n                 im                        el            de  dos               mo
                                k  e         le             porta                 cine         to                         dos



Calificación personal

1/10  2/10    3/10     4/10       5/10                   9  10    11    12       13      14       15   16
1/10  2/10    3/10     4/10       5  /  1 0 
1/10  2/10    3/10     4/10             6
1/10  2/10      3/10     4/10              7
1/10  2/10    3/10     4/10                  8



Marvel no es cine.



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