Shirley

REVIEW: Shirley (2020) asks “Who's Afraid of Shirley Jackson ...


Esta es una película poco convencional sobre una de las autoras menos convencionales de la literatura moderna. Se trata del biopic de la autora estadounidense Shirley Jackson, quien a lo largo de su carrera plasmó más de un centenar de obras literarias de horror que se traducen en novelas, cuentos, relatos cortos, entre otros, que llevan consigo lo mejor del folclor estadounidense. Jackson es particularmente recordada por su novela The Haunting of Hill House (1959), que recientemente fue adaptada al formato televisivo por la plataforma de streaming, Netflix. En esta ocasión, es la distribuidora Neon la que, en conjunto con otras productoras, ha apoyado este proyecto realizado por la directora Josephine Decker.

La historia de esta película se centra en unos hechos aislados que no formaron parte de la vida real de Shirley Jackson. Más bien, Decker toma su personaje para crear una ficción que intenta explicar cómo es que la adición de unos personajes ajenos en su vida pueden ser influencia suficiente para que ella escriba una de sus novelas más aclamadas. En la trama, Rose (Odessa Young) y Fred (Logan Lerman) son recibidos por el profesor Stanley Hyman (Michael Stuhlbarg), quien es un académico importante en la Universidad Vermont y que ha invitado a Fred para trabajar con él como su asistente. Aquí se empieza a desarrollar el conflicto, pues Shirley (Elizabeth Moss), quien es esposa de Stanley, se encuentra en un estado mental deteriorado que la ha hecho sucumbir en el aislamiento y que le provoca muchas dificultades para seguir escribiendo su obra. El contexto de esta película tiene su lugar en algún momento de la mitad del siglo XX, así que no es extraño ver cómo Rose es el primer personaje en afectar la vida de Shirley, ya que Stanley y Fred están fuera de casa trabajando y los personajes femeninos se encuentran desempeñando labores del hogar. Conforme avanza la trama, Rose y Shirley empiezan a interactuar con más frecuencia, lo que provoca una serie de situaciones inesperadas que convierten a esta película en un drama piscológico que por momentos se desborda en episodios psicóticos.

Esta es una película un tanto difícil de descifrar y digerir. Parece que no sucede mucho y que sus escenas están inconexas en algunas partes de la trama. Ciertamente hay una virtuosa coordinación entre la directora Decker y su equipo de producción. La cámara de su cinefotógrafo Sturla Brandth se desplaza a través de muchos acercamientos y primeros planos que captan la expresión y el lenguaje corporal de sus protagonistas. Asimismo, hay un uso interesante en lo que se denomina como shallow focus en las tomas, que se da cuando el centro de la imagen es nítido, pero los bordes y el fondo están completamente difuminados. Esto crea una sensación de estar presenciando una imagen onírica, lo cual va bastante bien con el tono de la película. Esto es un aspecto interesante, ya que el propósito de Decker es el de crear un rompecabezas visual que poco a poco se va a ir resolviendo hasta concluir con la narrativa de ambos personajes femeninos. Y para este punto, es importante mencionar que el trabajo de Elizabeth Moss como Shirley Jackson es fantástico, ya que su caracterización como la famosa escritora es impecable y su trabajo corporal y expresivo logra transmitir de manera efectiva los problemas mentales y emocionales por los que atraviesa su personaje.

Sería un argumento interesante el aseverar que esta película tiene un mensaje que se encamina hacia el concepto de la liberación femenina. Se tienen elementos suficientes y los personajes de Rose y Shirley son los más elaborados en esta historia. Primero que nada, ambas mujeres están atadas hacia sus parejas, que también actúan bajo ciertos estereotipos masculinos. Logan es un tipo ausente, que parece no sentir mucha importancia hacia lo que le pase a Rose. Por otro lado, Shirley es un personaje que se presume libre y radical ante la idea de estar dominada por un hombre, pero al final siempre termina comportándose con cierta sumisión ante la actitud manipuladora de su esposo Stanley, quien además, es un feroz crítico de su trabajo como escritora. Este caso en particular recuerda otros ejemplos de la vida real en los cuales el hombre se siente intimidado de manera intelectual y profesional por su pareja, lo que se traduce en actitudes abusivas y violentas en donde el hombre debe reafirmar su posición de superioridad. Bajo esta perspectiva, el viaje que Shirley y Rose recorren a lo largo de la película tiene como destino una re-evaluación de su realidad y su lugar como mujeres. Por supuesto, la mitad del camino está llena de horrores y confusiones en la psique de ambos personajes, mismos que se ejemplifican con solvencia a través de las secuencias ya mencionadas, donde se realiza este ejercicio de perversidad.

Si bien la gran mayoría de las secuencias se llevan a cabo a través de una fantástica ejecución, es importante recalcar que estos elementos provocan que Shirley sea una película difícil de digerir y de conectar. Quizá este es su más grande error, ya que a pesar de que se le puede encontrar un sentido a toda la historia, hay ciertas escenas que se sienten un tanto fuera de lugar o que simplemente son demasiado ambiguas como para darle una lectura contundente. Shirley es una obra que se siente provocadora y abrasiva por momentos. Afortunadamente, Decker encuentra el camino para aterrizar este tono en un mensaje bien estructurado que es llevado a cabo a través de los diálogos y las acciones de sus protagonistas. También es un ejercicio de cine de autor que logra coincidir con la obra y la personalidad de una de las autoras más extraordinarias y peculiares de la literatura moderna. A pesar de sus tropiezos, esta película es lo suficientemente enigmática como para causar una sensación inquietante en el espectador y transmitir una idea que señala y cuestiona varios aspectos de la cultura estadounidense y del resto del mundo.

Calificación personal: 8.3



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