
¿Te imaginas poder "rentar" a una persona para que te haga compañía y pretenda ser tu mejor amigo, tu pareja, tu padre? ¿Qué tan alejado de la realidad está este concepto? Es algo que se mira prácticamente imposible en una buena parte del mundo, pero en algunos lugares esto es algo tan común como los repartidores de comida. El nuevo mockumentary de Werner Herzog explora esta realidad y la presenta de una forma muy interesante que, sin duda, da mucho de qué hablar.
Todo inicia con Yuichi Ishii, quien es un joven empresario japonés que tiene una compañía llamada Family Romance. Esta compañía ofrece servicios de "renta", donde sus empleados trabajan como sustitutos de amigos, familiares y otros roles. Yuichi también ofrece sus servicios y al inicio de la cinta lo vemos trabajar como el padre de una niña de 12 años llamada Mahiro. Ella nunca ha visto a su padre real y es una niña muy tímida, por lo que Yuichi debe establecer un vínculo muy fuerte con ella para poder brindarle el mejor servicio. Asimismo, la madre de Mahiro intenta saber más sobre su hija, basándose en las interacciones que Yuichi tiene con la pequeña Mahiro. Sin embargo, mientras Yuichi y Mahiro se vuelven más cercanos, Yuichi comienza a guardar sus secretos. Conforme el "documental" avanza, nos vamos enterando de otro tipo de historias gracias a los servicios de Yuichi y notamos cómo es que la sociedad japonesa se comporta ante este tipo de prácticas.
La película, escrita y dirigida por Werner Herzog, uno de los cineastas más fascinantes de todos los tiempos, pretende ser un documental hiper realista, filmado con una cámara semi-profesional, "pobremente" iluminado y editado, y hasta espontáneo en ciertos momentos. No es nada malo quedarse perplejo ante la calidad de este producto cinematográfico, sobre todo si quien lo ve está acostumbrado a ver cine lleno de formalismo. Pero para quien ya conozca a Herzog, esto no será nada nuevo. El tipo nos ha llevado por decenas de parajes que van desde la selva amazónica hasta la Antártida. Su forma de contar historias es muy similar a lo que encontraremos aquí, en Family Romance, LLC. Su actor principal, Yuichi Ishii, es un tipo que no se dedica a ser actor y prácticamente el resto del reparto tampoco. Esto se debe a que Herzog busca crear momentos de genuina emoción con el desempeño de sus actores.
Lo "genuino" es un concepto muy interesante para esta película porque Family Romance, LLC tiene un mensaje bastante poderoso acerca de aquello que es artificial en las relaciones humanas. El conflicto inicia cuando Yuishii, siendo un empresario como cualquier otro, se termina involucrando demasiado con las personas que sirve. En un inicio lo vemos fingir empatía y otro tipo de emociones con el fin de lograr un servicio que convenza. Sin embargo, las interacciones que él sostiente, sobre todo con Mahiro, poco a poco se vuelven genuinas, lo que conlleva a que él empiece a dudar sobre si lo que está haciendo es "lo correcto". ¿Vale la pena aprovecharse de los sentimientos y los recuerdos de otras personas para hacer negocio con ello? ¿Es, acaso, un signo de "evolución" el que la gente decida aceptar este tipo de prácticas para satisfacer sus necesidades inmediatas? En esta película también podemos encontrar algunas críticas implícitas hacia el mundo de la posmodernidad, el de los avances tecnológicos, el que con sus herramientas para "conectar" a más personas entre sí, solo consigue aislarlas. La cámara de Herzog, completamente natural y errática, sin ningún filtro ni truco (salvo la obviedad de estar creando una ilusión en 24 fotogramas por segundo) inicia como el aspecto más genuino en un mundo completamente artificial que tiene recepcionistas robóticos que pretenden escucharte y sentir empatía hacia tí. Es un lente que desnuda las falsas y pretenciosas actitudes que los seres humanos son capaces de transmitir con tal de sentirse "bien". Esto es evidente con el servicio de Yuishii, pero la crítica de Herzog abarca todo tipo de costumbres.
Es muy fácil sentirse ajeno a todo lo que ocurre en esta película y puede que sus debilidades más notorias (las actuaciones, la producción, la edición, etc.) sean suficiente para causar extrañeza y rechazo. Ciertamente, es un experimento bastante peculiar hasta para el propio director, pero la recompensa que ofrece esta obra es mucho más grande que cualquier "error" que le podamos encontrar. Además, lleva consigo varios momentos inspiradísimos que permiten observar con detenimiento algunos rituales que existen en Japón y cómo la condición humana es mucho más grande y eterna que cualquier elemento artificial.
Calificación personal: 8
Comentarios
Publicar un comentario