
Hace algunos meses, cuando se dieron a conocer algunos detalles que estarían presentes en el nuevo live action de Dinsey, se empezó a soltar una controversia bastante fuerte. El filme en cuestión es el de Mulán, cuya historia se origina en una antigua balada de origen chino que describe las hazañas de una joven guerrera que se infiltra en el ejército para pelear contra los hunos. Si bien no se tiene certeza de que tal pieza lírica tenga bases históricas reales, eso no impidió su trascendencia en la historia, al punto de llegara la creación de obras basadas en la leyenda de Mulán. La más famosa, obviamente, es la animación de Disney que llegó a la pantalla grande en 1998.
El fenómeno de la Mulán de Disney es uno muy especial, ya que la protagonista es una de las "princesas" Disney que lograron romper el esquema de lo que significa ser una "princesa". Es a través de su conflicto que se pueden explorar conceptos como los roles de género y el feminismo. La idea de concebir la imagen de una mujer con carácter y fuerza física similares al de un hombre pudo resultar escandalosa para los espectadores del occidente de hace más de veinte años y el estudio en su momento supo manejar este tipo de temas con cuidado. Es por ello que los temas más presentes en la animación son los de la guerra, el honor y la familiar. Asimismo, se han hecho críticas acerca de las aspiraciones de Mulán y en la necesidad que tiene de ser lo más parecida a un hombre para llegar a su máximo potencial.
Al igual que muchas películas animadas de Disney, la animación contaba con varios elementos destacados, siendo los números musicales y los personajes fantásticos parte de la esencia tan característica del estudio en ese momento de la historia. Ariel tenía a Sebastian y Mulán tenía a Mushu, por ejemplo. Jasmine cantaba A Whole New World en Aladdin (1992) y Mulán cantaba Relfection en uno de los momentos importantes de su desarrollo como personaje. Es por esto que muchos seguidores de la animación empezaron a mostrar su desencanto cuando se dio a conocer que Mulán del 2020, a diferencia de todos los live action realizados hasta el momento, no contaría con números musicales. Otro tipo de decisiones se tomarían en pos de hacer una película más realista que contara con secuencias más serias y, de esta manera, permitir que fluya una narrativa más adulta.
Mulán es una reinterpretación de su realizadora, la neozelandesa Nikki Caro, quien en 2002 realizó una buena película llamada Whale Rider, que cuenta una historia con características similaes a las de Mulán, donde su protagonista también debe abrirse paso en un mundo de hombres. Esta película llevó a Disney a pensar en Caro como una fuerte candidata para la película. En esta nueva versión, Caro toma la balada original de Huan Mulan y la re interpreta para crear un filme más incisivo y cuyos motivos fantásticos se presenten en una forma más espiritual y simbólica. La película de inmediato presenta a la niña Mulán como una acróbata con una inteligencia corporal sumamente desarrollada. Tan solo en la primera escena acapara las miradas y pone a su padre en un predicamento, quien no se tarda en darle un sermón para que sepa en dónde está "su lugar". Conforme el filme se desarrolla, la premisa que ya se ha contado en la animación original no cambia mucho, aunque se notan varios cambios. Mushu y la abuela ya no están, entre otras cosas. Mulán ahora es su propia guía y tiene que descubrir su propósito por su propia cuenta.
Lo más destacado que tiene Mulán de 2020 es su producción millonaria. Es una película que fue rodada en locaciones de Nueva Zelanda y China, que cuenta con un apartado de vestuario y maquillaje bastante lindo y que tiene varias características buenas en aspectos técnicos como el sonido o algunas tomas hechas por la directora de fotografía Mandy Walker (Hidden Figures, Australia). También se han hecho comentarios positivos acerca de la actuación de Yifei Liu, quien es la encargada de personificar a Mulán. Con respecto a esto último, puedo estar de acuerdo en algunas partes. Sin duda alguna, este era el evento con el que Disney quería empezar el 2020 en grande, ya que un blockbuster de gran escala como este significaba iniciar el año con un buen golpe en la taquilla. Recordemos que el estreno de esta película estaba programado para el mes de marzo.
Como si fuera una especie de premonición tenebrosa del desastre que estaba por venir, la pandemia del covid-19 alejó toda esperanza de poder ver a Mulán en los cines. A cambio, Disney la pondría en renta por una módica cantidad de casi 30 dólares americanos. Casi 700 pesos mexicanos por ver una película. Más de lo que una pareja gastaría en la ida al cine, si es que cuentan con los muy usados cupones de 2x1. La jugada, al parecer, le está saliendo a Disney y esto se debe a que la compañía sabe a qué clase de espectadores le está vendiendo su nuevo desastre cinematográfico, porque a esta altura del texto ya no puedo pensar en algo más para intentar convencerme de que este negocio liderado por Disney es capaz de producir una sola cosa buena.
Mulan de 2020 es un desastre. Es una película mala, muy mala. Es increíble como, apenas al minuto y medio de cinta, aparecen situaciones completamente inverosímiles y ridículas que contradicen por completo el principio de la directora por realizar una película "realista". Me atrevo a afirmar que Mulán está más cerca de parecerse a una parodia de samuráis o a un anime estilo Jojo's Bizarre Adventures, pero muy mal hecho, que a una película que rinda homenaje a las obras swordsmen que tanto hay en el cine asiático y que han ayudado a construir un pilar muy importante en la historia del cine. Obras como Yojimbo (1961) y Sanjuro (1962) de Kurosawa o, ya ni siquiera nos vayamos tan atrás, The Princess Bride (1987) de Reiner, parecen películas slow cinema en comparación con este gigantesco cóctel de caos llamado Mulán.
No solo sus secuencias de acción son horrendas; la historia también es un completo desperdicio. A Mulán le hacen falta personajes y quizás no era necesario incluir a todos los personajes de la animación de los noventas. Si el estudio le dio luz verde a la realizadora de hacer una re interpretación de la balada original, ciertamente pudo haber hecho mucho más con toda esa libertad creativa y, tal vez, trazar un conflicto de tres actos, coherente, en el que sus personajes no pareciera que se tele transportan de un lugar a otro y cuyos desarrollos no estuvieran hecho de ese mismo relleno genérico tan presente en el cine comercial. Y si hay algo peor que todo lo mencionado hasta este punto, Mulán sufre de un trabajo de edición tan, pero tan lamentable, que parece haber sido hecho por un editor de youtubers. Se entiende que se necesitan secuencias dinámicas y llamativas, sobre todo en una película que está hecha para ser vista para toda la familia (y por ende, se apuesta por llamar la atención de los niños). Sin embargo, si el propósito de su realizadora y escritores con esta película era hacer una re interpretación más seria y sin números músicales ni personajes fantásticos, ¿Por qué darle un tratamiento como si la película fuera justo eso que se quiere evitar? ¿Todos los departamentos que trabajaron en esto estaban en el mismo canal? Parece ser que no.
Por si fuera poco, la película no da ese esperado pay off. Tendría que llegar un espectador cuya falta de criterio en su vida sea tan impresionante (o se la pasó viendo facebook, o haciendo otra cosa mientras la película se reproducía), como para que yo pueda creer que alguien puede disfrutar en su totalidad cada uno de los 115 minutos que dura este collage de ideas dispersas empaquetado para el público centennial (aún más disperso) que no le puede prestar atención a nada por más de 30 segundos gracias a lo maleducados que están por Tik Tok y por las historias de Instagram.
Mulán se queda como un intento de película wuxia que, en sus mejores secuencias, intenta imitar lo mejor de otras películas wuxias que sí están buenas. A pesar de todo lo comentado, no creo que Mulán sea la peor película de este año por dos razones muy concretas: 1. A pesar de que he perdido casi toda mi capacidad de asombro, aún sé que existe por ahí algún grupo religioso que busca financiar su próximo proyecto cinematográfico pro-vida. 2. Omar Chaparro y Martha Higareda aún no han estrenado una película en 2020.
Calificación personal: 2
Pondría el trailer, pero ¿para qué?
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