La relación de Dune con el cine ha sido bastante problemática. La novela escrita por el autor estadounidense Frank Hebert vio la luz en 1965 y casi de inmediato se convirtió en una de las novelas de ciencia ficción más aclamadas de la historia. Como suele ocurrir con cualquier obra importante concebida después del siglo XX, de inmediato se habló de una adaptación a la pantalla grande. Fue primero el director chileno Alejandro Jodorowsky quien tomó la iniciativa de llevar la novela de Hebert al cine sin tener éxito, ya que el presupuesto se le salió de las manos. Varios años después, en 1984, Hollywood logró producir una adaptación dirigida por David Lynch, quien trabajó por completo fuera de su zona de confort y grabó en México para reducir costos de producción. El resultado fue un desastre y la crítica destrozó la película. Se han producido mini series y otros productos relacionados a Dune, pero nunca más se tocó el tema de realizar una nueva adaptación que fuera digna a la obra original de Hebert. Eso cambió en el presente, pues la nueva Dune ha llegado bajo el encargo del director canadiense Denis Villeneuve.
La historia de Dune inicia con Leto Atreides, el duque de la casa de Atreides que se encuentra en un planeta constituido mayormente por océanos llamado Caladan. Leto es llamado por el Emperador Shaddam IV para ocupar el planeta Arrakis que es un planeta desértico y con muy pocos recursos. A pesar de su condición, Arrakis contiene una valiosa sustancia, a la que los personajes se refieren como "especia", que tiene la capacidad de alargar la vida, la vitalidad y desarrollar capacidades cognitivas extraordinarias. Lo que parece ser una expedición y ocupación política sin incidentes se empieza a convertir, poco a poco en una historia de traiciones y drama político, puesto que se sospecha de una conspiración entre el Emperador y la casa de Harkonnen (cuyos miembros se encuentran en Arrakis como soldados y trabajadores que cosechan la especia en los enormes desiertos) para aniquilar a Leto y su familia: Lady Jessica, concubina de Leto y madre de su hijo, Paul Atreides, un joven que conforme avanza la trama se da cuenta que carga consigo un poder muy grande.
Dune es una película gigantesca, de eso no hay duda. Desde los primeros planos y desde las secuencias iniciales, Villeneuve establece una puesta donde prácticamente todos los escenarios son inmensos y los personajes son diminutos. La puesta es tan colosal porque además de esos planos tan abiertos hay una banda sonora ruidosa y abrumadora. Tan abrumadora como melodramática, lo cual concuerda mucho con el tono de la historia. Esta versión es bastante diferente a la primera adaptación de David Lynch, tanto en sus carencias como en sus (pocas) virtudes. Lo cierto es que este cambio favorece un poco más a la propuesta de Villeneuve, quien establece la trama desde el punto de vista de Paul Atreides (Timotheé Chalamet) y cómo su visión sobre la vida misma va cambiando conforme empieza a descubrir cuál es su propósito y la razón de su lugar en la casa Atreides. Sobre el inicio hay un monólogo interesante dicho por Chani (Zendaya) que propone una de las lecturas más fuertes de la novela original de Frank Hebert, que es el colonialismo, pero hay realmente poco de eso en esta entrega. En su lugar, el melodrama central de la casa Atreides y el conflicto que Paul tiene sobre la expedición a Arrakis toma lugar como el punto central de la historia. Arrakis es un planeta donde sus habitantes nativos, los Fremen, han sido prácticamente desterrados y exiliados a vivir en las profundidades de los grandes desiertos. Sobre los últimos minutos de la cinta veremos a Paul involucrarse con los Fremen y ahí conocerá a Chani, la mujer con quien ha soñado y ha tenido una generosa cantidad de sueños y alucinaciones de carácter profético. Lo cierto es que Paul tiene en su poder la voluntad de cambiar el curso de la historia, lo que significa un planteamiento muy interesante para la trama.
Tenemos una película con una gran cantidad de recursos que pueden ser utilizados en cualquier momento para construir una trama épica, pero realmente poco de eso sucede en esta entrega. Parece como si Villeneuve quisiera conducir esto bien agarrado del freno de mano, temeroso de arruinar una historia tan grande que ha sido un problema darle una digna adaptación. Casi todas las escenas están editadas y musicalizadas con una hiper solemnidad que pretende hacer pasar una narrativa que está contando muy poco como algo épico e imperdible. Se entendería de los sueños proféticos de Paul, pero es hasta risible ver cómo hasta en escenas tan poco relevantes, la ruidosa banda sonora de Hans Zimmer se convierte en un personaje más, uno que acapara la pantalla por completo y demanda absoluta atención.
Hay secuencias muy impresionantes, sobre todo algunas que ocurren en el gran desierto, lugar donde ocurren diversas persecuciones. Asimismo, hay momentos genuinamente bien logrados y grandiosos como el primer encuentro entre Paul y la bruja del Bene Gesserit o las escenas de batalla, sobre todo una de las más importantes que ocurre en la noche. Eso sí, hay que hacer una observación desafortunada a la ejecución de las coreografías de batalla, ya que a diferencia de otras películas de acción, los combates cuerpo a cuerpo se miran completamente falsos y demasiado forzados. Es como ver a Nolan y sus lamentables escenas de pelea en The Dark Knight Rises (2012). La historia de Hebert es, por supuesto, fantástica, pero el tratamiento que Villeneuve y compañía le dieron deja bastante que desear, al abarcar demasiada atención en Paul y dejar a muchos personajes secundarios en participaciones mínimas. Actores como Dave Bautista, Chang Chen, Stephen McKinley, entre otros, se sienten poco aprovechados.
Visualmente, 'Dune' es un espectáculo y una inspiración, pero Villeneuve ya lleva dos películas consecutivas demostrando que lo suyo es trabajar en proyectos más íntimos, con pocos personajes que estén más desarrollados y con una trama simple de la que se pueda sacar mucha manufactura. Atrás quedó el Villeneuve de Enemy (2013) y Sicario (2015) que no necesitaba de un gran presupuesto para montar escenas de acción y de fantasía. Hasta Arrival (2016) se siente como un arthouse film en comparación con esto, pero incluso la película de los heptapods que perciben el tiempo de forma circular se siente más completa, más emotiva y más inteligente que la nueva adaptación de la obra de Hebert y con 110 millones menos de presupuesto.
Calificación personal: 6

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