Empezaré este texto con una confesión personal: la sátira en el cine y la televisión es uno de mis géneros favoritos de toda la vida. Como aficionado a la comedia y a ver cómo hay artistas que se atreven a sobrepasar ciertos límites morales para realizar una crítica feroz hacia un problema que la sociedad ya tiene normalizado, siempre que una nueva propuesta de ese tipo llega a la pantalla, llama de inmediato mi atención. Ejemplos grandiosos de sátira hay por montones: Borat (2006), American Psycho (2000), Fear and Loathing in Las Vegas (1996), Tropic Thunder (2008), por supuesto, South Park (1997- presente), etcétera. La sátira y el humor ácido en estas películas se combinan de una manera en que en dichas obras se puede percibir un tono serio y comprometido con la historia que cuentan, sin embargo en sus personajes existen elementos que juegan con el absurdo y con lo inverosímil, creando en el espectador una risa incómoda ante las situaciones que se plantean en la película. Situaciones que exponen un problema a través de una hipérbole absurda de la realidad, pero que a fin de cuentas existe. Hacer sátira es una labor que cualquiera puede hacer, pero las sátiras verdaderamente grandiosas llegan a cuentagotas, pues éstas representan una exigencia hacia el realizador y hacia el espectador.
Dicho esto, ahora nos encontramos con la más reciente propuesta de Adam McKay, quien es un director estadounidense que está muy familiarizado con la comedia y la sátira, pues ha trabajado como guionista en el popular programa gringo Saturday Night Live. McKay tampoco es ajeno al cine de calidad, pues hace algunos años realizó la famosa franquicia de Anchorman protagonizada por Will Ferrell en sus dos entregas. Tras el éxito que esto le significó, McKay trabajó en otros filmes, siendo The Big Short (2015) y Vice (2018) dos de sus propuestas más reconocidas debido a que consiguieron nominaciones para el Oscar. Ambas películas tuvieron reacciones divididas pues el estilo de McKay evolucionó a una sátira más cínica y expositiva en la cual, a través de técnicas de edición agresivas, saturaba el lenguaje audiovisual de sus películas con imágenes de stock que realizaban analogías inmediatas a lo que los personajes decían o citaba directamente en la pantalla a otros autores del cine, la televisión y la literatura. El más reciente filme de McKay, Don't Look Up, patrocinado por Netflix, continúa con esa forma de narrativa.
La película está protagonizada por un súper elenco de Hollywood en donde figuran Leonardo DiCaprio, Jennifer Lawrence, Jonah Hill, Meryl Streep, Cate Blanchett, Tyler Perry, Timotheé Chalamet y hasta Ariana Grande y Kid Cudi. La película cuenta la historia de unos astrónomos que descubren un nuevo cometa y al calcular su trayectoria se dan cuenta que el astro se dirige hacia la Tierra. El tamaño del cometa es mayor al que colisionó hace 65 millones de años en la península de Yucatán y al golpear el océano pacífico, cerca de la costa de Chile, traería consecuencias catastróficas como tsunamis y terremotos que pondría en riesgo a las especies del planeta, incluyendo a la humanidad misma. Una vez que el descubrimiento se confirma, DiCaprio y Lawrence en sus papeles de astrónomos reportan el evento a la NASA y se encaminan a Washington para alertar a la Casa Blanca sobre el cometa. Ahí son recibidos por una presidenta interpretada por Meryl Streep quien tiene a su hijo (Jonah Hill) como su jefe de gabinete y gobierna de una forma completamente despreocupada en donde solo se preocupa por su imagen, su porcentaje de aprobación y por supuesto, mantener el poder en el congreso. Dado que se acercan las elecciones intermedias y el cometa no es un tema de prioridad, los pobres científicos se ven ninguneados y buscan alertar a la población a través de los periódicos y los noticieros. Una vez más, la atención que se les da no parece ser la adecuada, pues los periódicos solo buscan un buen encabezado y los noticieros apenas y le dan cobertura a su historia, ya que el tema de moda es la ruptura de una famosa cantante interpretada por Ariana Grande y su novio rapero interpretado por Kid Cudi. De esta forma y con una situación tras de otra, Don't Look Up busca evidenciar a una sociedad actual que está tan inmersa en el mundo de las redes sociales, la tecnología, el capitalismo y lo que se agregue a la lista, que ni ante la noticia de un posible fin del mundo se alertaría en lo más mínimo.
Don't Look Up ha llamado la atención de todo tipo de público y ha sido un gran tema de conversación en los últimos días. Sin duda, el tema que expone es bastante fuerte y el hecho de que los personajes actúen de una manera tan absurda ante el problema que se expone ha causado muchas reacciones que van desde la indignación por parte de los que creen que realmente así de mal está la sociedad de hoy, hasta la burla por parte de los que no creen que la película es una tontería. Ciertamente hay muchas cosas preocupantes en el presente y, tan solo si miramos hacia la controversia se ha creado por la vacunación para combatir el covid-19, podríamos concluir que los seres humanos a veces podemos tomar decisiones bastante cuestionables. En este sentido la película da en el clavo, aunque no de una manera tan firme, puesto que, para empezar, no se alcanza a establecer una intención firme por parte de McKay y la producción de esta obra. ¿Hacia qué exactamente le están tirando? Hay una crítica muy expositiva hacia la tecnología y las redes sociales. La película se encarga de mostrarnos publicaciones de Twitter y Facebook generando números descontroladamente en cuanto algo controversial ocurre. Eso está muy claro, pero ¿eso a qué punto lleva? ¿Hay algún personaje cuyas decisiones sean afectadas directamente por el uso de las redes sociales? También hay otro personaje que claramente está parodiando a Tim Cook, el CEO de Apple y cómo ha transformado la tecnología que fabrica en auténticos productos milagro para sus usuarios. Aquí las decisiones del personaje sí afectan directamente al conflicto de la película, pero no es el tema central en esta película ¿Por qué no lo es? Es una película de desastres naturales, claro está, pero no quiere serlo porque busca satirizar a la sociedad que reacciona (o más bien, prefiere no reaccionar como tal) ante el desastre que está por venir. Y si entonces es este el verdadero propósito de la película, ¿Entonces por qué la película no consolida este conflicto?
Durante Don't Look Up se exponen conflictos completamente diferentes entre sí, pero que están metidos con calzador en la película porque están unidos por el cometa. Es como si McKay quisiera abrir el planisferio del mundo (bueno, de Estados Unidos, pero ya sabemos que para los gringos, su país es el mundo entero) para ver cómo todos los sectores de la sociedad reaccionan ante la problemática del asteroide bajo sus respectivos contextos. Y entonces se aprovecha para exhibir cada uno de los puntos bajos que existen en dichos escenarios. Las redes sociales estallan en una guerra virtual entre los que piensan que el cometa es real y los que no. Los noticieros le dan más cobertura al aspecto físico del personaje de DiCaprio y lo promueven como sex symbol en lugar de darle cobertura al cometa. La presidenta Mery Streep y su gabinete utilizan al cometa para hacer política y buscar la victoria en las elecciones intermedias, mientras que la oposición se enfoca más en buscar sacarle un escándalo a la mandataria antes que exigirle que se ponga a trabajar en un plan que salve al mundo. El Tim Cook ficticio investiga las propiedades del cometa y se da cuenta que es mejor negocio romperlo en 30 partes y dejar que éstas caigan a la Tierra para explotar sus minerales y volverse aún más rico. Estamos hablando de fácilmente de 3 o 4 películas diferentes que se podrían hacer con todo esto, pero es una sola porque es más incendiario tirarle a los 4 problemas al mismo tiempo. El resultado es una película que no va ni a un lado ni al otro y que solamente busca la crítica fácil y superficial a través de la exageración, de lo inverosímil y de una impresionante cantidad de recursos visuales puestos en secuencia para que al espectador le quede claro todo lo que la película está criticando.
Don't Look Up es lo que ocurre cuando una sátira se toma tan poco en serio a sí misma, que termina auto parodiándose. Casi todos personajes eventualmente se convierten en una versión completamente absurda de sí mismos, a un nivel en que la película ni siquiera provoca esa risa incómoda que una sátira busca. En algún momento Ariana Grande aparece para, literalmente, realizar un discurso súper extraño e innecesario en medio de una canción mientras sigue cantando. Jonah Hill, en medio de todo el desastre, sale a decir "no olviden darle like y suscribirse" como si se tratara de un sketch baratísimo de SNL. Ah, y lo mejor de todo: la razón por la cual le pusieron Don't Look Up a esta película es tan ridícula, que nunca me había sentido tan tentado por el botón de go back en el reproductor de Netflix y mejor poner cualquier otra cosa.
Esta película es simplemente mala porque sus realizadores no están comprometidos a producir algo verdaderamente valioso que critique puntualmente una sola cosa, que tenga un propósito definido y que se desenvuelva tal y como debe de ser. Es como si McKay, bien asentado en su estatus de director reconocido por la Academia, quisiera reinventarse con una nueva propuesta que destruyera con la misma fuerza de un monólogo de Ricky Gervais, pero tiene tanto miedo de que su película parezca una copia de otra película hecha por Seth Rogen al estilo The Interview (2013) o This is The End (2013) y esto manche su nueva reputación como realizador intelectual y de humor que "no es para todo público". Al menos las películas de Rogen, dentro de toda su falta de compromiso, muestran una perspectiva honesta y no desestiman la inteligencia del espectador. Don't Look Up en ese sentido es una película tan empalagosa y con unos recursos de crítica tan in your face, que es evidente la intención de sus realizadores de generar una conversación apresurada entre las masas, de generar artículos en línea y análisis en YouTube, entre otras cosas, que le den un valor agregado a la película y su razón de ser, ante la evidente falta de un contenido sólido dentro de sí misma.
Calificación personal: 4

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