Killers of the Flower Moon es una tragedia colosal como las que ya no se hacen. Su intimidante metraje de casi tres horas y media recuerda al cine de época de mitad del siglo XX, un tipo de cine que hoy en día está prácticamente erradicado y se prefiere que las historias complejas y largas estén en otros formatos como el de la mini serie. En el caso de esta obra, la decisión de llevar toda la historia a la pantalla grande es un auténtico triunfo.
Es muy fácil conmoverse ante la historia de esta película, ya que si hiciéramos una conclusión un tanto apresurada sobre ésta, bien podríamos decir que Killers of the Flower Moon es una representación de todo lo que Estados Unidos de América significa para el mundo, desde su fundación hasta los tiempos actuales, incluyendo el espíritu corrupto y capitalista que lleva consigo. Este tema ha sido explorado a lo largo de muchas obras de Scorsese, desde la violencia más explícita (Goodfellas, The Irishman, Casino, etc.) hasta los conflictos internos más íntimos del ser (Raging Bull, The Aviator, The Age of Innocence), pasando por uno que otro delirio que parte del mismo origen (The Wolf of Wall Street, The King of Comedy, etc.) El trabajo de Scorsese bien podría describirse como el esfuerzo por retratar a la gran mayoría de los sectores de la sociedad estadounidense, a partir de la edad contemporánea post-segunda revolución industrial y el boom petrolero de Estados Unidos durante finales del siglo XIX y principios del XX. Es aquí donde se sitúa Killers of the Flower Moon, un semi western de época que narra uno de los episodios más terribles en la historia del país: la erradicación de los nativos americanos de Osage Country, una de las muchas tribus nativas del país que llegaron mucho antes que los colonizadores y que hoy en día son un grupo minoritario.
Esta es una de las películas más largas que he visto en mi vida, pero también es una de las que aprovecha su tiempo de la mejor manera. La trama se desenvuelve con mucha paciencia, partiendo de la típica introducción de personaje en el cine gringo, en donde el protagonista llega a una sociedad y pasa de ser ajeno a ser familiar. Sin embargo, esta es la primera trampa que nos pone la película ya que ante las características de la narrativa tradicional, Ernest (Leo DiCaprio) no es ningún protagonista y su rol dentro de la historia es bastante peculiar, ya que una vez que comprendemos el significado de sus acciones junto con él (pues ni él mismo parece ser consciente de lo que pasa), su presencia en la película adquiere un tono que dista mucho de lo que vemos de él durante la primera hora. Este es uno de los aciertos más grandes por parte de Scorsese, pues la intención de Killers of the Flower Moon es hacernos cómplices de la matanza de los Osage mientras nos hace creer que al estar del lado de los protagonistas, la tragedia es el acto de un villano que aún no se revela. Y es que uno de los plot-twists más grandes de la vida es cuando el ciudadano promedio, sin importar su nacionalidad, tras una vida de consumir pura cultura gringa, se da cuenta que Estados Unidos fue el villano todo este tiempo. Esta idea se refuerza aún más durante la escena del programa de radio, cuando Scorsese aparece en uno de los cameos más significativos de su carrera, para interpretar al único hombre que parece tener conciencia, mientras le narra a un público ignorante que aplaude desde la grada, pues han saciado su morbo por escuchar una historia de terror y de crimen, sin racionalizar más allá de las muertes y la resolución de los personajes.
Killers of the Flower Moon es una obra muy grande. Honesta, cruda, aterradora, deprimente y un tanto esperanzadora, al menos en la reflexión que busca proyectar sobre una de las matanzas más crueles que se hayan visto, una de la que casi no se habla pues cuando Estados Unidos la hace y la encubre, es que "no ha pasado nada realmente". Mención aparte el grandioso reparto, con De Niro, DiCaprio, Gladstone y demás actores que entregan un trabajo excelente. También mención aparte el hermoso trabajo de fotografía por parte de Rodrigo Prieto, un artista que una vez que comprendió por completo la visión de Scorsese, no ha dejado de entregar planos espectaculares, llenos de belleza, incluso en aquellas escenas donde se busca retratar la tragedia y la zozobra. Martin Scorsese es un cineasta que ha estado en la industria desde hace más de 50 años, llegó a estar cerca del retiro y para la opinión de muchos, es un director de cine de gángsters cuyo punto más alto fue durante los setentas y ochentas. La curva natural para un cineasta con tanta experiencia para este punto es que solo vaya en picada, pero Marty ha producido varias de sus mejores películas en los últimos 20 años. Una auténtica locura.
Recientemente Marty habló sobre su vejez y el tiempo que le queda para seguir trabajando. "Soy viejo. Leo cosas. Veo cosas. Quiero contar historias, y ya no hay tiempo. Kurosawa, cuando recibió su Oscar, cuando George [Lucas] y Steven [Spielberg] se lo entregaron, dijo: 'Por fin estoy empezando a ver la posibilidad de lo que el cine podría significar, y es demasiado tarde. Tenía 83 años. En aquel momento me dije: '¿Qué quiere decir?' Ahora sé lo que quería decir".
Probablemente esta sea la mejor oportunidad de hacer a un lado los cómics y los conciertos grabados para buscar lo que realmente significa este arte de poco más de cien años y no solamente revivirlo, sino revolucionarlo.
Mi calificación: 10
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